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29/02/2004

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Los últimos edificios de la sardinocracia

Tras la guerra civil y hasta el final de la década de los cincuenta la industria de la conserva vivió un par de décadas de grandes beneficios en lo que fue su última etapa dorada

Los últimos edificios de la sardinocracia

A comienzos de los sesenta coincidiendo con la llegada de Citroën, la aparición del pescado congelado y la nueva pesca, la industria conservera entró en una rápida decadencia de la que pocas empresas se pudieron salvar. Las más grandes, como Massó y Curbera, así como otras medianas y pequeñas, ya estaban heridas de muerte.

Curiosamente, las que consiguieron mantenerse no pertenecían a ninguna de las familias de origen catalán que impulsaron a lo largo de todo el Siglo XIX la actividad en principio salazonera que convirtió Vigo en gran centro pesquero, posteriormente conservero y en una verdadera ciudad industrial.

Las empresas que se mantuvieron tenían otros nombres y apellidos: Antonio Alonso, Alfageme y Albo. El primero era un emigrante que retornó de Cuba. Los Alfageme llegaron a Vigo procedentes de Asturias; y la familia Albo, salazoneros de origen italiano, de vinieron de Cantabria. También siguieron en actividad otras de menores dimensiones, como Cerqueira y López Valcárcel.

Las familias catalanas

La “sardinocracia” o gobierno de los sardineros fue un ingenioso hallazgo semántico; pero que no se correspondía exactamente con la realidad.

Por supuesto que contaban con un considerable poderío económico; pero esta situación no siempre se tradujo, a lo largo de la historia industrial de Vigo, en poder político, mucho menos en protagonismo cultural. Los catalanes nunca llegaron, realmente, a gobernar la ciudad. Aunque sí jugaron un papel decisivo en su desarrollo.

Durante mucho tiempo, hasta bien entrado el pasado siglo, como buenos emigrantes que recordaban su tierra y querían preservar su identidad, se casaban con jóvenes importadas de sus pueblos de la Costa Brava. Más tarde, quizás porque, a pesar de todo, ya habían perdido anclajes en Cataluña, se decidieron a practicar una persistente endogamia.

Un caso muy llamativo es el de las familias Massó, Barreras y Bolibar cuyos apellidos se cruzaron y entrecruzaron durante varias generaciones. Existieron y existen los Barreras Massó, Massó Barreras, Barreras Bolibar, Massó Bolibar, todas las combinaciones posibles. Incluso hay Barreras Barreras.

(Aquí hay que decir que los Barreras, en un principio, como los demás, dedicados al salazón y las conservas, cuando se iniciaba el Siglo XX decidieron reconvertirse en industriales del sector naval, dotando así a Vigo de una nueva y potente industria).

Los Ribas también enlazaron con los Barreras. En cambio, los Curbera, en catalán original Corbera, fueron mas a su aire, practicando otro tipo de endogamia, en su caso también de carácter industrial dentro del sector conservero; pero sin lazos con otros catalanes de origen.

(Los catalanes adoptaron la pronunciación original de sus apellidos a la ortografía castellana. Así, los Tapies pasaron a ser Tapias; los Barreres se convirtieron en Barreras; y los Ribes en Ribas, por poner tres ejemplos)

Los edificios de los conserveros

Aprovechando la gran época de sardinas gordas que seguramente pensaban que iba a durar bastante mas de lo que duró, tras la guerra civil y a partir de los excedentes financieros derivados de la buena marcha de sus empresas algunos conserveros se decidieron a construir grandes y modernos edificios de viviendas para alquilar; pero sobre todo que expresaran su protagonismo industrial y poder económico.

El más llamativo fue sin duda el que se dio en llamar “Rascacielos de Curbera”, en la calle García Barbón, con sus catorce alturas y un magnífico ejemplo de arquitectura racionalista obra del arquitecto Francisco Castro Represas, rematado por un motivo art decó para imitar, en pequeñito, a los altísimos edificios neoyorquinos de entonces.

De la misma época, un poco anterior y el primero en línea racionalista que se construyó en Vigo y asimismo obra de Francisco Castro es el Edificio Ribas, en la calle Colón esquina a Marqués de Valladares. Un inmueble se encuentra totalmente desalojado en espera de una rehabilitación interior y un nuevo destino ocupacional.

También fue este arquitecto el autor del Edificio Albo, que es un poco posterior, del año 1944, y que goza de una llamativa situación privilegiada en el arranque de la Gran Vía. En lo más alto de su estructura luce una reproducción de la famosa escultura alada de origen griego que conmemora la Victoria de Samotracia – batalla naval – que se encuentra en el Louvre.

Los Massó, para su edificio de la Alameda prefirieron requerir los servicios de un arquitecto de la casa, Jacobo Estens, casado con una de las mujeres del clan.

El caso de Alfageme

Los Alfageme, en sus orígenes arrieros maragatos que transportaban salazón,  se trasladaron desde la planta que habían conseguido levantar en la asturiana villa de Candás a Vigo en el año 1873. Porque aquí se comenzaba a desarrollar la industria conservera moderna, con envases de hojalata; y era en nuestra ciudad donde había que estar, donde se encontraban los proveedores y la estructura comercial de exportación..

Ellos no levantaron un gran edificio de viviendas en el centro de la ciudad, sino que aportaron uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial, un grupo de naves hoy declarado conjunto arquitectónico a conservar.

En el mismo recinto de la factoría, cerca de la entrada principal, la familia se construyó su vivienda familiar, una manera de continuar, aunque a lo grande, la vieja tradición de los industriales del salazón, porque esa había sido la costumbre – obligada – de los catalanes en su barrio del Arenal, cuyos hogares estaban siempre encima de las plantas de procesado, formando un todo.

Eran una especie de fábrica-vivienda, o viceversa. Con sus correspondientes olores derivados del proceso de producción.

Otros edificios de entonces no conserveros

Una época, la década de los 40, que resultó muy fructífera en grandes aportaciones arquitectónicas para la ciudad, como el edificio de la Banca Viñas Aranda, de 1941, en la esquina de Reconquista y Marqués de Valladares, enfrente del cual se encuentra el edificio de La Equitativa, de 1948.

Por aquellos tiempos también se construyeron el Teatro Cine Fraga (1942); el gran conjunto residencial de las Casas de Pernas, en Las Traviesas (1941); el Banco de España, actual Casa das Artes (1943); y el edificio del Hotel Lisboa (1947).

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