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23/02/2020

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UN PUERTO CON PATENTE DE CORSO
(base de la nave Santísimo Cristo de la Victoria, alias ´El Magnífico´)

En el último tercio del Siglo XVIII la villa marinera de Vigo giraba en torno al bullicioso mundo pesquero y comercial que se había originado en el arenal de la Ribera del Berbés. Corrían tiempos de enfrentamientos bélicos con Inglaterra y la actividad corsaria, perfectamente regulada, estaba considerada como parte de la contienda en el mar, ya que servía para apresar naves, causar bajas al enemigo y perjudicarle en su abastecimiento y comercio.

UN PUERTO CON PATENTE DE CORSO | (base de la nave Santísimo Cristo de la Victoria, alias ´El Magnífico´)

En 1779, el reconocimiento por parte de España y Francia de las provincias secesionistas de América del Norte provocó un nuevo enfrentamiento con Inglaterra y su nación aliada, Portugal. Buenaventura Marcó del Pont, el primer comerciante e industrial catalán radicado en Vigo, el mismo que también inició la industria del salazón, obtuvo entonces permiso real para armar barcos corsarios.

Eran naves propiedad de armadores muy devotos, aquellas que detentaban patente de corso, que se llamaban San Carlos, Cristo de la Buena Victoria o Virgen del Portal; pero que eran más conocidas por sus alias, a saber: El Atrevido, Los Tres Hermanos y la Liebre, respectivamente.

Hasta que en 1873 se firmó la Paz de Versalles los barcos de Marcó del Pont atacaron, abordaron y saquearon numerosos mercantes ingleses y portugueses cargados con géneros tales como sal, especies, aceite, paños, cueros o trigo, valiosos cargamentos que, al regreso de los navíos, se desembarcaban y era comercializados en el entorno de la Ribera del Berbés.

EL CORSO, SIN HABÍA SUERTE, ERA UN EXCELENTE NEGOCIO Y UNA FUENTE DE RIQUEZA PARA EL PUERTO

La arriesgada actividad podía ser muy rentable siempre que los vientos de la buena ventura soplaran a favor. Y contaba Vigo con la ventaja de una situación geográfico estratégica ideal para que sus barcos se beneficiasen del tráfico entre Portugal e Inglaterra. El negocio, en resumen, resultó en un considerable dinamizador de la economía local, un importante impulso para el desarrollo del comercio y crecimiento de la población, ya que, no siendo Marcó del Pont el único armador dedicado a la actividad, nuestro puerto llegó a contar con una numerosa y poderosa flota.

En los últimos años del Siglo XVIII, en tiempos de Carlos IV, se volvieron a dar las circunstancias bélicas apropiadas. De los nuevos barcos de corso, uno recibió el nombre de Santísimo Cristo de la Victoria, más conocido por El Magnífico; y otro el de Santísima Trinidad, cuyo alias ignoramos. Aunque el orgullo de la flota era el Príncipe de la Paz, que, con nada menos que 200 toneladas de arqueo, contaba con veinte cañones y una tripulación de 150 hombres bien dispuestos para los abordajes. Todo esto está muy bien contado en el libro «La Ciudad y los Días», de José María Alvarez Blázquez, el mejor investigador de nuestra historia, contemplada unas veces por lo ancho y también por lo menudo. Un libro salido de imprenta en 1960 y que es un tesoro editorial. Que ahora se puede encontrar en gallego, recuperado por Edicións Xerais (VER AQUÍ)

Gracias a los éxitos de su flota, Buenaventura Marcó del Pont recibió entonces unos honores de la Corona que posteriormente resultarían en un gran beneficio para Vigo, ya que, gracias a sus gestiones, en 1794 el puerto consiguió por fin el derecho – que tanto había reclamado sin éxito anteriormente – de traficar libremente con todos los países americanos.

BLAS C.

Ver aquí:

SANTÍSIMO CRISTO DE LA VICTORIA. ALIAS ´EL MAGNÍFICO´

Ver también:
BUENAVENTURA MARCÓ DEL PONT. El catalán que inventó Vigo.

Fuente:
LA CIUDAD Y LOS DÍAS
de Xosé María Alvarez Blázquez

 

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