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Artículo publicado

30/10/2018

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EL SERGAS CONTRA POVISA Y VIGO

Punto de Mira

06/12/2018

EL SERGAS CONTRA POVISA Y VIGO

VIGO, CIUDAD MÚLTIPLE Y MULTIPLICADA
Diferente, que experimentó un extraordinario crecimiento demográfico a partir del Siglo XIX

Por la costa, en una conurbación, Vigo tiene continuidad residencial hasta Baiona. Y hacia el interior se funde con Redondela por Chapela. Mientras que al otro lado de la Ría, Cangas y Moaña, comunicadas por travesía, se consideran y son parte de la ciudad.

La industria viguesa se asienta en O Porriño, en Mos, en Vincios, que pertenece a Gondomar. También en Redondela y en Nigrán, en Porto do Molle. Vigo posee un cinturón industrial con conexiones que llegan al norte de Portugal, a Valença do Minho y Vilanova de Cerveira.

El aeropuerto de Vigo, en Peinador, ocupa, también, terrenos de los ayuntamientos de Redondela y Mos. Un aeropuerto que es el de las Rías Baixas.

Vigo, en su extenso entorno industrial, rural y residencial, es una ciudad con un área metropolitana con una población que supera de largo los quinientos mil habitantes.

IMPRESIONANTE CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX

En el año 1840 Vigo era una villa marinera cuyo censo alcanzaba los 5.570 habitantes.

Que ya eran 15.000 en 1880. Es decir, en cuatro décadas la población se había multiplicado por tres y Vigo comenzaba a ser ciudad. Ello debido a la buena marcha de las industrias de salazón y a la pujanza del puerto. Vigo crecía, se abrían nuevas calles extramuros, se llevaban a cabo grandes rellenos, como el de la Alameda, se construían magníficos edificios modernistas. La nueva ciudad vibrante, llena de energía emprendedora, constituía un enorme, siempre creciente, mercado de trabajo. Media provincia de Ourense pudo sortear un destino de emigración para radicarse en Vigo.

En 1990 otro salto: 22.144 habitantes. Diez años más tarde, tras la anexión de Bouzas (1904) la población ya alcanzaba la cifra de 35.000. En 1941 se produjo la incorporación del extenso y poblado municipio de Lavadores, que incluía Teis. En 1945 Vigo ya era, para la época, una impetuosa ciudad de 132.000 habitantes con una pujante industria naval. Y las modernas fábricas de conservas de pescado en lata – un invento bretón que llegó a Galicia a mediados del Siglo XIX y que en las Rías Baixas se supo aprovechar muy bien – habían sustituido a las antiguas precarias plantas de salazón. La fábrica de cerámica de Alvarez, en Cabral, que durante décadas fue la primera industria de la ciudad, ya contaba con miles de trabajadores y continuaba creciendo.

Posteriormente, en los años sesenta, tras la llegada de Citroën,  Vigo recibiría otro gran empujón industrial y demográfico para empezar a convertirse en lo que es hoy.

LA CIUDAD EN LA QUE SURGIÓ UNA ´SARDINOCRACIA´ ATRAJO A NUMEROSOS EMPRENDEDORES

La industria conservera se benefició en gran medida de la I Guerra Mundial, de los mercados sudamericanos con Argentina y Cuba a la cabeza; y de post guerra civil española, la nación tan necesitada de su producción de latas de sardinas y también de la II Guerra Mundial.

Los descendientes de  los primeros catalanes procedentes de la Costa Brava, que era una región aislada y pobre, ellos pescadores y salazoneros, impulsaron el Vigo industrial. A ellos hay un par de casos muy significativos de gallegos retornados de la emigración que supieron, desde el otro lado del Atlántico, ver el futuro de la conserva. Y de otros industriales llegados de Asturias. En la primera mitad del Siglo XX Los conserveros amasaron y enlataron considerables fortunas, conformando lo que se dio en llamar ´sardinocracia´

Atraídos por la prosperidad de la ciudad, numerosos comerciantes castellanos, gran parte zamoranos, vinieron a establecerse aquí, con el añadido de bastantes riojanos y vascos, estos, algunos, para montar ferreterías.

Uno de ellos, propietario de una librería, fundó toda una potentísima firma editorial, nada menos que la de las novelas del Oeste, tan populares en los años cuarenta y cincuenta. La editorial Cíes fue la pionera de la industria editorial viguesa, que también la hubo y la hay.

Además Vigo, ya una pujante ciudad tan vital y múltiple, contaba con dos importantes colonias extranjeras, la formada por los empleados del Cable Inglés, que tuvo gran incidencia social, sobre todo en los deportes; y la que iniciaron los empleados del Cable Alemán, que levantaron el Colegio Alemán al que acudían sus hijos; pero que también sirvió en su día, durante la II Guerra, como residencia de descanso para las tripulaciones de submarinos nazis.

Una ciudad como Vigo no podía menos que también servir de imán a pintores, escultores, poetas y escritores, que aquí encontraron un acomodo que se les negaba en sus lugares provincianos de origen. Como es bien sabido, el diario Faro de Vigo contó con un director, novelista y fabulador de extraordinaria imaginación, que era todo menos un verdadero periodista; pero un lujo para el periódico a través de sus artículos.

TAMBIÉN FUE VIGO LO QUE SE PUEDE DENOMINAR ´CIUDAD DE OPORTUNIDAD MATRIMONIAL´

Cuando llegó Citroën ya se atisbaba el inicio de la decadencia de la industria conservera. El impulso de la empresa francesa en los años sesenta iba a cambiar de nuevo la ciudad; y su necesidad de mano de obra cuando se inauguraron las instalaciones de Balaídos provocó otro gran salto demográfico, para lo que fue preciso construir un gran barrio, como es el de Coia.

Aparte de todo lo anterior, mejor dicho, como consecuencia de todo lo anterior, Vigo también atrajo a bastantes también emprendedores varones procedentes de muy diversas partes de España que llegaron en busca de fortuna matrimonial. No pocos la encontraron entre las numerosas proles femeninas de las familias empresariales. Si ya no iba a quedar dinero – ya eran muchos primero a gastar, y después a la expectativa de repartir lo que quedara – al menos, mediante el envite conyugal, podrían obtener los necesarios contactos para iniciar actividades profesionales, por ejemplo de intermediación.

Dice un profesional liberal de Lugo residente en A Coruña que por razones de trabajo con frecuencia visita Vigo: ´ Aquí siempre me parece que no estoy en Galicia´.

Pues queda claro.

V.E

Y UN CASO MUY VIGUÉS:

A principios de los cincuenta llegó a Vigo procedente de un pueblo de Zamora un herrero que se estableció en un pequeño local del barrio de Teis. Trascurridos unos años, con Citroën ensamblando sus primeras docenas furgonetas 2CV en una nave de las Avenidas, el taller – que por entonces estaba muy lejos de poderse denominar fábrica – tuvo un problema en los suministros procedentes de Francia. Se trataba de los armazones metálicos de los asientos, unos tubos. Por lo que los responsables decidieron recurrir al herrero zamorano, para que les montara unos cuantos. Así fueron los inicios de VIZA, hoy día una de las principales empresas del sector de la automoción y una multinacional viguesa con presencia en varios países.  

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