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Artículo publicado

06/01/2018

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WALTER. UN MARINERO PERUANO POPULAR Y MUY QUERIDO EN EL BERBÉS Y CASCO VELLO

Es un tipo tan grandote como un jugador de rugby de Nueva Zelanda pero con acusados rasgos incaicos. Walter de Jesús Cuéllar Valdivia, el nombre anglo y cristiano seguido de dos notables apellidos de honda raigambre hispánica procedentes de los castellanos y extremeños que en su día, hace siglos, emigraron al revés y se dedicaron … Continuar leyendo "WALTER. UN MARINERO PERUANO POPULAR Y MUY QUERIDO EN EL BERBÉS Y CASCO VELLO"

WALTER. UN MARINERO PERUANO POPULAR Y MUY QUERIDO EN EL BERBÉS Y CASCO VELLO

Es un tipo tan grandote como un jugador de rugby de Nueva Zelanda pero con acusados rasgos incaicos. Walter de Jesús Cuéllar Valdivia, el nombre anglo y cristiano seguido de dos notables apellidos de honda raigambre hispánica procedentes de los castellanos y extremeños que en su día, hace siglos, emigraron al revés y se dedicaron al trabajo de soldados a título de exploradores y conquistadores. Apellidos, nos dice, que están muy extendidos entre los peruanos.

Natural del sur de su país, se estableció en Vigo hace unos quince años.

Esta es un poco la historia:

La noche del día 23 de Noviembre de 2013 el pesquero ´Ghandi´ regresaba con las bodegas repletas de pez espada capturado en aguas próximas a las Azores cuando ciento cuarenta millas mar adentro, a la altura de Lisboa, lanzó un mensaje de socorro. Con el buque hundiéndose por una vía de agua en la sala de máquinas, acudió un helicóptero de salvamento portugués cuya intervención permitió el rescate, en condiciones muy difíciles, de los nueve tripulantes.

Entre ellos se encontraba Walter, después contramaestre en otro palangrero de un armardor distinto, propiedad de una conocida empresa del Berbés. Dice que es un barco mucho mejor en todos los órdenes. Por eso está contento: “Nos tratan bien, nos pagan bien y son buena gente”.

De los diez que trabajan en el buque cuatro son peruanos. Las mareas duran unos quince días y después pasan tres o cuatro en tierra antes de volver al mar.

– El pez espada se pesca de noche y cuando hay luna, que se viene para arriba.

Cuando llega la temporada del bonito, pues al bonito.

Un trabajo realmente duro, manejando e izando a bordo palangres que traen unos bichos que se resisten y que pueden pesar  e incluso superar los cien kilos. Y que no termina cuando regresan a puerto, pues se pasan un día entero descargando las capturas. Lo cuenta suave y pausado, sin darle mayor importancia.

COMO WALTER, CASI TODOS LOS PERUANOS AFINCADOS EN VIGO PROCEDEN DE LA SUREÑA PROVINCIA DE TACNA

En nuestra ciudad residen unos ochocientos de los más de dos mil peruanos asentados en la comunidad autónoma, bastantes de ellos, como Walter, gozando de doble nacionalidad peruana y española.

La mayoría de los hombres son tripulantes de pesqueros y proceden del árido sur de su país, de la provincia de Tacna, donde se encuentra el importante centro pesquero de Ilo. Que fueron llegando a los puertos de Galicia a partir del año 2000 – a Vigo y Burela, también a Celeiro – porque en aquellas aguas operaban algunas empresas gallegas que les proporcionaban trabajo y que después los trajeron para aquí.

Quienes le tratan dicen de Walter que es tan grande como buena gente, por eso es tan apreciado en el Casco Vello donde mora cuando está en tierra, en la calle Real.

– A ver si pronto puedo ir a Tacna a ver a mi madre y mis parientes de allá, que hace dos años que no voy y ya lo necesito.

Tacna es una de las principales regiones productoras de Pisco, el aguardiente de las uvas procedentes de las vides que plantaron los españoles en el Siglo XVI. Pero para los peruanos residentes entre nosotros comprarlo aquí resulta caro, alrededor de los veinte euros la botella, por lo que  organizar una reuníon de amigos en torno a unas jarras de pisco sour se convierte en un lujo ocasional.

Se trata de un colectivo muy apegado a sus tradiciones religiosas y muy unido por la gastronomía, una de las más sugerentes del mundo, producto de la fusión de saberes y sabores indígenas, españoles, chinos y japoneses. Con frecuencia organizan ´polladas´, algunas tan multitudinarias que hasta son ´bailables´, con música. Originalmente pensadas para ayudar a gente necesitada – se come, se paga por la comida y después se entrega la recaudación – hay familias que complementan sus ingresos mediante este sistema. Anuncian una ´pollada´ en su casa a base, como su nombre indica, de pollo, que suele ser a la parrilla; pero que también suele incluir  platos como tamales de maíz y ceviche. Acuden los compatriotas, pagan, comen y se lo pasan muy bien. Así se convierten a veces algunas de sus moradas en una especie de restaurantes domésticos.

Walter se despìde. Como llueve, entra en una cafetería donde es bien conocido y apreciado para pedir que le presten un paraguas. Va a la Mutua, como le sugirió el armador, pues un enorme pez espada le largó un fuerte coletazo en la espalda en el momento de subirlo a bordo. Dice que le duele algo; pero poco.

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Han pasado más de dos años desde este encuentro.

Las circunstancias han cambiado y ahora Walter, que anda por los cincuenta y cinco, navega por aguas de Irlanda en un pesquero que realiza campañas de varios meses y que cada cierto tiempo desembarca sus capturas en el pequeño puerto de Dingle, en el suroeste de la isla verde.

Y ya no tiene que deslomarse en las bodegas: para suerte del resto de los tripulantes es el cocinero, un magnífico cocinero de a bordo que en un tiempo pasado, cuando decidió mantenerse una temporada en tierra, estuvo a cargo de los fogones del mítico restaurante Fai Bistés, en la misma Calle Real en la que tiene su residencia y al que por entonces proporcionó, como es natural, un fuerte acento peruano.

El barco acaba de regresar a Vigo y Walter, en sus vacaciones, va a cumplir un gran sueño: visitará Venecia para, mayormente, dejarse llevar placidamente en góndola – todo un lujo y seguro que elegirá la mejor, con el gondolero más competente – contemplando los palacios renacentistas que asoman a los canales. Esto con su señora, su compañera Matilde, viguesa muy viguesa del Casco Vello aunque nacida en Uruguay, con la que forma pareja desde hace ya un montón de tiempo.

Y les hemos pedido que nos envíen una buena foto. Que seguro será estupenda.

Después de tantos años de trabajo tremendamente exigente en el mar, Walter se merece la experiencia veneciana en tantas ocasiones soñada, seguramente viendo imágenes en televisión.

En Tacna no se lo van a creer. Ni aunque aparezca en Facebook.

Con toda certeza, es muy buena gente este Walter que tanto ayuda a su familia en Perú.

J. FERNÁNDEZ

 

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