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¿Y CUÁNDO SE JODIÓ PESCANOVA?

Rememorando aquella Conversación en la Catedral de dos personajes de Vargas Llosa, podríamos comenzar con una pregunta similar: ¿Y cuándo y cómo se jodió Pescanova, Alfonsito?

¿Y CUÁNDO SE JODIÓ PESCANOVA?

Quienes la jodieron parece estar bastante claro; pero Alfonso Paz Andrade, que no es precisamente un Zavalita y que conoce muy bien todas las respuestas, sería fiel a sí mismo y daría todo tipo de vueltas y revueltas evasivas antes de no contestar, que lo suyo fue siempre andar por frondosas y fructíferas ramas, lo que le permitió vender títulos a tiempo, privilegio que no tuvieron los muchos miles de pequeños accionistas.

A finales de la década de los setenta, el entonces joven binomio formado por Manolo Fernández y Alfonso Paz Andrade se hizo cargo de la gestión de la compañía que había cambiado la industria mundial de la pesca, ideada, diseñada y fundada en 1960 sus respectivos padres, José Fernández López y Valentín Paz-Andrade, a los que se les puede considerar los “inventores” del pescado congelado, construyendo nuevos barcos capaces de operar en caladeros lejanos y procesar las capturas a bordo.

DE LAS 200 MILLAS A LA INTERVENCIÓN DE FRAGA

Las cosas funcionaron bien en Pescanova hasta que en los ochenta cambió el panorama de la pesca mundial con la extensión a 200 millas de la soberanía marítima pesquera de los países ribereños. Momento en que Manolo y Alfonso se movieron rápido y bien, con el gran acierto de establecer acuerdos con otros países, el primero con la recién independizada Namibia, en 1989.

Si sus padres habían introducido en el mercado el pescado congelado, a ambos les correspondió el mérito de crear las sociedades mixtas. Un camino que siguieron las demás empresas pesqueras.

Pero en aquel triunfo – que coincidió con el inicio de la aventura de la acuicultura, con la puesta en marcha de la primera planta para el cultivo de langostinos en Ayamonte –  también estaba la trampa: se embarcaron en una expansión internacional demasiado acelerada en los años que siguieron, con un progresivo endeudamiento que, coincidiendo con una fuerte devaluación de la peseta, en seis años llevó a la compañía a una situación prácticamente de quiebra y a punto de ser absorbida por la holandesa Unilever. Pescanova se jodió entonces por primera vez.

Estaba bien jodida en 1996 cuando por Chapela apareció Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia, dispuesto a salvarla utilizando dinero público, de todos los gallegos, insuflando en la compañía miles de millones de pesetas mediante un préstamo sindicado en el que intervinieron Sodiga a Igape. Abriendo así una puerta por la que se coló Caixagalicia en el accionariado, en un principio con un diecisiete por ciento, que después iría incrementando.

José María Fernández Sousa, hermano de Manolo, presidente de Zeltia, en desacuerdo con esta política y viendo lo que se aproximaba, ya había decidido abandonar la nave un año antes, vendiendo todas sus acciones. Los hermanos no se hablan desde entonces, ni siquiera se saludan en las reuniones familiares en las que coinciden.

CONVIRTIERON PESCANOVA EN UNA AVENTURA EMPRESARIAL AL ESTILO DE A CORUÑA

Después de años de gestión temeraria, Pescanova se había aparentemente salvado. Pero en lugar de dar por aprendida la lección, creyéndose los reyes del mambo oceánico, ahora contando con el oxígeno financiero de Caixagalicia, Fernández Sousa y Paz Andrade volvieron a cometer los mismos errores. En la nueva etapa multiplicados por sus descabelladas inversiones en acuicultura a nivel mundial.

Con un agravante: sus aliados se encontraban ahora en A Coruña y por allá arriba gustan las cosas (fantasmadas) a lo grande. Fernández Sousa entró a formar parte del patronato de la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre, el propietario de La Voz de Galicia, en la que estaban integrados los más destacados miembros del lobby de A Coruña; y Paz Andrade se sentó en el consejo de Caixagalicia, lo que le permitió acceso a millonarios créditos personales en condiciones más que ventajosas.

Mientras que un hijo de José Luis Méndez representaba en Pescanova a la Corporación Caixagalicia – de la también llamada Banca Méndez e Hijos – que en 2005 elevó su participación en la empresa viguesa hasta casi el 25% (Caixanova nunca llegó al 6% y además sus títulos procedían de Caixaourense, tras la fusión de aquella entidad con Caixavigo)

EL REMATE DE CABO TOURIÑÁN Y LA PAYASADA FANFARRONA DE LAS PATRULLERAS

Con Fraga todavía al mando de Galicia, aliada la empresa con el lobby coruñés, en 2004 Pescanova recibió una subvención de cuatro millones de euros para la ampliación de sus instalaciones de Chapela.

En 2005 Don Manuel perdió la mayoría absoluta; pero antes de dejar definitivamente la Xunta, estando su gobierno en funciones y a la espera de la transmisión del poder al bipartito, tuvo el muy fraguiano gesto de firmar la autorización a Pescanova para instalar una gran planta de cultivo de rodaballo en Cabo Touriñán, un espacio natural protegido de nuestra costa, entre Fisterra y Muxía. Touriño, que no era un “touriñán”, tras su toma de posesión revocó el permiso, por lo que Fernández Sousa, fiel a su talante y con la colaboración de La Voz de Galicia, montó en cólera y amenazó a la Xunta – que le había ofrecido una alternativa – y también, indirectamente, a todos los gallegos.

Al final les vendió bien cara la moto acuícola a los portugueses para construir su macroplanta en Mira, al sur de Aveiro. Que es bien sabido como terminó. Otro emprendimiento ruinoso.

En 2007, Paz Andrade, conociendo mejor que bien la situación, siendo también responsable de la misma desde su puesto de consejero-delegado, teniendo claro lo que se avecinaba, dimitió del cargo. Aunque, como acostumbra, se fue sin irse del todo. En absoluto siguió el ejemplo, doce años antes, de José María Fernández, el hermano de Manuel Fernández Sousa.

En la línea de su aliado el fantoche coruñés José Luis Méndez, que había pretendido comprar la isla de Sálvora, Caixagalicia mediante, el último gran dislate del ex presidente de Pescanova fue la adquisición en 2013 de diez patrulleras para la marina de Mozambique, destinadas, según él, a proteger los barcos de la multinacional que operan en aquel país, trasladadas desde Peinador hasta Maputo en un gigantesco avión Antonov alquilado para la ocasión con la calderilla sobrante en caja (ver aquí: LAS PATRULLERAS PARA MOZAMBIQUE QUE MANOLO FERNÁNDEZ COMPRÓ A RODMAN)

A Pescanova, que bastante resistió, la estuvieron jodiendo a lo largo de tres décadas por medio de una insensata y descontrolada gestion. Desde la nada inteligente henchida prepotencia de su patrón.

R.EIRAS

VER TAMBIÉN:
EN RECUERDO Y COMO HOMENAJE A JOSÉ FERNÁNDEZ LÓPEZ

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