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ALGUNOS POBRES ANCIANOS RICOS

Estas señoras internadas en una residencia de alto precio están participando en un juego en la llamada "sala de animación" del centro, uno de los veinte privados que se encuentran en el área de Vigo, en este caso en las proximidades del Cuvi

ALGUNOS POBRES ANCIANOS RICOS

De acuerdo con cifras oficiales, Galicia contaba en 2012 con una población de 2.771.916 habitantes, de los cuales 632.953 superaban la edad de sesenta y cinco años. Es decir, casi el 23% de la población está por encima de esa edad. Si sólo consideramos el sector poblacional a partir de los setenta años para arriba, la cifra desciende a 471.742 mayores.

En Galicia existen únicamente 18.000 plazas en residencias geriátricas, la mayoría ofertadas por centros privados, ya que tan solo 4.280 son públicas. En su conjunto, no llegan a cuatro plazas disponibles por cada cien mayores de setenta años y de ellas tres de cada cuatro corresponden a centros privados.

Unas residencias privadas que en el área de Vigo cobran una media de 1.400 euros mensuales, pudiendo llegar en algunos casos – habitación individual y necesidad de tratamientos especiales – a los 3.000 euros. Siguen siendo un buen negocio, pues, aunque la demanda ha decaído en más de un veinte por ciento debido a la crisis, los precios se incrementaron en los últimos años en un porcentaje sensiblemente superior, incluso hasta el cincuenta por ciento.

Bastantes de estas residencias disponen de un número limitado de plazas concertadas, por las cuales los ancianos abonan el 75% de su pensión y el resto corre a cargo de la Xunta. En las escasas residencias públicas sucede lo mismo: las tres cuartas partes de los gastos se sufragan con la pensión del anciano.

Unas pensiones cuya media en Galicia se encuentra en torno a los 660 euros.

MAYORES POBRES QUE SOSTIENEN MUCHOS MILES DE ECONOMÍAS FAMILIARES

En la situación actual, hay que preguntarse cuántos de los más de seiscientos mil mayores de sesenta y cinco años se encuentran colaborando de manera decisiva a precarias economías familiares. Tal como está el panorama, dadas las cifras de paro, se puede pensar que por encima de los doscientos mil. Puede que en un número superior.

Cosntituyen la inmensa mayoría, más del noventa por ciento del colectivo de mayores gallegos que aunque quisieran ir a una residencia no tendrían plaza. Pero seguro que tampoco – otra vez la inmensa mayoría – desean ser internados. Ni tampoco sus familias pueden permitirse deshacerse de ellos, puesto que precisan de los ingresos de sus pensiones, a esos setecientos euros al mes de media que ahora son tanto.

De alguna manera, estos ancianos, siendo pobres, son afortunados. Primero porque, más que útiles, son necesarios. Y también porque pueden continuar en su entorno, con sus cosas, en su casa o en la casa de algún hijo, en contacto permanente con los suyos, muchos cuidando a sus nietos.

Y están aquellos que no tienen familia y que dedican una parte de su pensión a pagar a alguien que los atienda. Con lo que contribuyen a otra economía.

MIENTRAS QUE POBRES ANCIANOS RICOS SE ENCUENTRAN ALMACENADOS

Otra pregunta que cabe hacerse es a cuántos de los "privilegiados" ancianos de familias pudientes no les gustaría estar en la misma situación que los mayores que con sus pensiones que ayudan a sus familias. Nos referimos a esa minoría de catorce mil que ocupan las plazas de las residencias privadas.

Aunque entre ellos habrá bastantes que se encuentran internados por "voluntad propia", en no pocos casos para sacarse del medio, por no molestar… En algunos casos inducidos a aceptar el traslado. "Allí vas a estar muy bien", es una frase recurrente que estos mayores considerados trastos viejos y molestos habrán aceptado. Sus pensiones no son necesarias.

Nada más deprimente que visitar una de esas residencias geriátricas donde se almacenan sobre todo ancianas, dado que la mayoría son mujeres, sentadas en cómodas butacas, unas con la mirada perdida, otras encerradas en sí mismas, no pocas padeciendo de depresión diagnosticada, también algunas haciendo esfuerzos para parecer animadas cuando reciben periódicas visitas.

LA SEÑORA A LA QUE PRETENDÍAN DISFRAZAR DE "PASTORCILLA"

Conocemos el caso – demasiado real, tristemente real – de una dama viguesa que vivía en un magnífico chalet con jardín a cincuenta metros de la Gran Vía atendida por tres asistentas en turnos de ocho horas y con un chófer a su servicio y que fue trasladada por sus hijas a una residencia en un monte debido a que, intentaron justificarse, "la casa es demasiado grande y además está relativamente aislada".

Se trata, obviamente, de una señora adinerada que, padeciendo demencia senil y depresión, podía haberse permitido pagar las mejores atenciones profesionales en su propio domicilio de toda la vida. Pero le habrán dicho: "allí estarás mucho mejor", que es otra de las frases utilizadas en estos casos.

En su nueva "casa" soporta los días acomodada y resignada en su sillón, en una rutina que comienza con la colectiva lectura matutina del periódico por parte de una cuidadora; y también acepta que de vez en cuando la lleven a jugar a la "sala de animación". Sin embargo, en un momento de lucidez y rebeldía, en las últimas Navidades se negó rotundamente a que la disfrazasen de "pastorcilla" para participar en un Belén viviente En un acto de indignación y autoestima, haciendo uso de la escasa violencia verbal que pudo reunir.

Acaba de cumplir ochenta y ocho años y seguro que sus familiares organizaron una animosa expedición para visitarla y hacerle una fiesta con velitas y así alegrarle el día en la residencia. Todos queriendo aparentar estar muy animados, contentos de que se encuentre tan bien en un ambiente tan acogedor y apropiado. Probablemente, tras irse sus familiares ella habrá quedado más deprimida; y ellos tampoco habrán salido de allí muy satisfechos de sí mismos.

Son pobres ancianos ricos depositados en "residencias de lujo". A no pocos les gustaría seguir en sus casas y sentirse tan útiles como lo son tantos ancianos pobres familiarmente atendidos a cambio de su pensión.

J.GÓMEZ.F

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