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Batalla de Rande

Dentro de unos meses se cumplirán trescientos años de la batalla de Rande, que tuvo lugar el 23 de Octubre de 1702. La fecha está a la vuelta de la esquina, y Vigo habrá perdido entonces otra gran oportunidad para promocionar la ciudad y la Ría a través de la conmemoración de un acontecimiento que en su tiempo tuvo una gran repercusión en toda Europa.

Batalla de Rande

Con toda su fama, la cantidad de literatura que ha provocado, la abundante documentación que existe (sobre todo en Inglaterra y en Francia), la leyenda que se ha creado en torno a los tesoros, una leyenda que permanece viva en la memoria de mucha gente a través de generaciones, Rande es un enorme recurso turístico desaprovechado en la Ría de Vigo.

Ese es el verdadero tesoro. Y ahí está, descubierto pero sin aprovechar. Ni Xunta, ni Diputación ni los concellos de Vigo o Redondela han hecho nunca nada para explotarlo.

Resultaría enormemente atractivo, porque no sólo tiene gancho cultural (el turismo relacionado con la cultura mueve en España el 20% de los visitantes), sino porque ahí está el paisaje, la espectacularidad del puente, el contraste entre la historia y la modernidad… Sobre todo la leyenda de los tesoros, mezclada con los movimientos de una batalla que todos los visitantes podrían fantasear, para excitar la imaginación de la gente.

Bastarían bajo el puente unas infraestructuras mínimas, y la información precisa para que el escenario resultara atractivo incluso para aquellos que nunca antes hubieran oído hablar de la batalla de Rande.

Aparte, claro está, de que es el acontecimiento histórico más importante sucedido en la Ría. Y que su divulgación, una mayor publicidad utilizando los medios actuales, y aprovechando la gran fama que ya tiene, resultaría muy beneficiosa para la imagen de la Ría de Vigo.

Las repercusiones de Rande en Europa

Las primeras monedas conmemorativas de Rande se acuñaron en Inglaterra un año después de la derrota hispano-francesa. Ese fue el principal destino de la abundante plata, también oro, que se llevaron los vencedores de los muchos galeones que pudieron saquear, antes de ser enviados al fondo del estrecho o de que fueran quemados en la orilla.

Las de plata, la mayoría, eran monedas de plata de una corona, media corona, un chelín y seis peniques. Fueron muy populares en su época estas monedas, con el nombre de Vigo figurando en el anverso bajo la efigie de la reina Ana. De las de oro, que tenían valores de cinco, una y media guineas, quedan hoy muy pocas en manos de coleccionistas, alcanzando un altísimo valor en las subastas, superior a los 80.000 dólares las de cinco guineas.

Respecto a grabados de época, en el mismo año 1702 y en los años siguientes se realizaron algunos de gran belleza en Holanda e Inglaterra. Grabados que eran una forma de celebrar y dar a conocer la victoria y que se siguieron produciendo y circulando a lo largo de todo el Siglo XIX.

El nombre de Vigo se popularizó en Europa. O, dicho de manera actual, Vigo se situó en el mapa y se convirtió en una referencia importante en la documentación y cartas marinas de la época. Porque también se imprimieron numerosos mapas, algunos de gran valor artístico, par perpetuar los sucesos de Rande.

Por otra parte, es bien sabido que una céntrica calle de Londres fue bautizada como Vigo Street después de la batalla. Y menos conocido es el hecho que el órgano de la catedral protestante de Dublin – por supuesto, hay otra católica – procede de uno de los galeones de Rande… Se ve que los británicos tuvieron tiempo suficiente para sacar su cargamento mas pesado y difícil de transportar. Un cargamento entre el que se incluía una gran cantidad de rapé que por entonces también fue comercializado en Londres como “Spanish Rapé”.

Ya en nuestro tiempo, un juego de mesa alemán se llama “Vigo”. Está basado en los movimientos y estrategias de la batalla de Rande. Y otro juego más reciente, de ahora mismo, es uno de ordenador llamado “Treasure Hunter”, cuyo objetivo es la búsqueda de los tesoros de Rande en la bahía de Vigo.

De todo esto y de mucho más se habla en la página web de Rafael Ojea Pérez, ciudadano vigués que se ha preocupado de buscar y recopilar una muy prolija información. La dirección de esta web se proporciona al final del reportaje.

Las expediciones y los libros

La primera expedición documentada en búsqueda de los tesoros hundidos de Rande fue la del sueco Sjöjelm, en 1720, sólo 18 años después de los sucesos. Y la segunda tentativa, en 1732, corrió a cargo de un español de apellido Rivero, quien tuvo cierto éxito, puesto que pudo recuperar algunos cañones, planchas de bronce y monedas por valor de 3.068 reales de la época.

Se sucedieron los intentos, sobre todo a lo largo del Siglo XIX, incluso fundándose compañías de importancia cuyo único objetivo era el rescate de los tesoros.

En 1825, un tal Mr.Dickson utilizó desde su buque Enterprise una especie de campana, logrando sacar del fondo monedas y lingotes en cantidad que se ignora. Posteriormente, en torno a 1860, los franceses Sicard y Magen también invirtieron sus dineros en el empeño; pero el mejor resultado que obtuvieron no fueron lingotes, sino las experiencias y el material para escribir el libro “Les Galions de Vigo”, que firmó Hypolite Magen y que fue publicado en París.

Otra empresa francesa aparece por la ría en 1872, a bordo de una fragata llamada Vigo, equipada con todo detalle y los mejores medios técnicos de entonces para la misión de rescate, también sin resultados positivos. En 1875 aparecieron los ingleses de la “Vigo Salvage Company”; y ya en 1884 los norteamericanos de la “Vigo Bay Treasure”.

Tras dos años de trabajos, estos últimos sólo pudieron sacar a la superficie algunas maderas preciosas…, que sirvieron para fabricar muebles. Y también para cortar y tallar unos elegantes bastones, los “bastones de Rande”, que vendió con gran éxito un relojero establecido por entonces en el Areal.

Pero, sin duda, el buscador de tesoros más persistente fue el italiano Giuseppe Pino, inventor de un artilugio de búsqueda especialmente concebido para la ocasión y que bautizó Idroscopio, también de un bote submarino. Su empeño se prolongó durante muchos años, desde los primeros del Siglo XX hasta 1924. Aparte de numerosas vasijas de barro conteniendo vino, obtuvo 24 bandejas de plata que no procedían de los galeones españoles, sino de la nave almirante inglesa, la Prince George, que también resultó hundida.

La última expedición para intentar el rescate de los tesoros de Rande la llevaron a cabo en 1957 los ingleses Stenuit y Potter. Este último publicó después el libro “Treasure Divers of Vigo Bay”.

Evidentemente, estas expediciones tuvieron poco éxito; pero todas y cada una de ellas sirvieron, a través de sus crónicas, para acrecentar la fama de Rande y hacer sonar el nombre de Vigo y los atractivos de su ría en todo el mundo.

La visita de Julio Verne

Una de las personas que más contribuyó a la difusión del nombre de Rande fue el escritor Julio Verne, que en su libro “Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” dedica un capítulo a la Ría de Vigo, fundamental en la trama de la novela, puesto que es en el estrecho donde el capitán Nemo tiene su “caja de reserva” y donde periódicamente se aprovisiona de oro y plata para financiar sus correrías bajo las aguas de todos los mares.

“Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino” la comenzó a escribir Julio Verne en 1866, encontrando la inspiración, al menos en lo que se refiere a las visitas del Nautilus a la Ría de Vigo, en el libro que había aparecido en París unos años antes, “Les Galions de Vigo”, escrito por Magen y al que antes hicimos referencia. Se publicó por primera vez en 1869.

La posterior visita a Vigo del escritor, en su yate Saint Michel, ocurrió en Junio de 1878. Camino del Mediterráneo, aprovechó la ocasión para hacer escala y conocer la bahía y el lugar de Rande sobre los que había escrito. Durante su estancia, que se prolongó para efectuar reparaciones de la caldera del barco en el astillero de Sanjurjo, el escritor hizo amistad con Antonio Sanjurjo Badía.

Un excelente atractivo turístico

¿Qué se necesitaría en Rande? Inversión, por supuesto. Aunque se nos antoja que no tanta, que para comenzar bastaría con un espacio bajo el puente, junto a la orilla, que ofreciera una reconstrucción virtual de la batalla aprovechando las nuevas tecnologías de la imagen; una muestra con reproducciones de los objetos encontrados; facsímiles de los libros y documentos publicados; reproducciones de las monedas, etcétera. Quizás una réplica del Nautilus del capitán Nemo, las posibilidades son muchas.

Para las administraciones, promocionar el escenario de la batalla de Rande como atractivo turístico es una obligación que tienen olvidada. Respecto a la iniciativa privada, quizás pudiera resultar una idea apetecible, porque ese museo se podría rentabilizar, tanto por sí mismo, con los ingresos de las entradas, como con la ayuda de unas instalaciones hosteleras que lo habrían de acompañar.

A efectos publicitarios, el escenario de Rande podría tener el mismo tirón que las islas Cíes, y también atraer un gran número de visitantes.

Un excelente atractivo turístico, no sólo para la Ría de Vigo. Para toda Galicia.

Pagina web recomendada: http://web.archive.org/web/20101221064619/http://www.arrakis.es/~rojea/rande/ranindex.htm

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