Crónicas de otro Vigo

Buenaventura Marcó del Pont

Buenaventura Marcó del Pont

Su nombre lleva demasiado tiempo olvidado, ni una calle lo recuerda y la mayor parte de los vigueses ignoran todo sobre este hombre. Sin embargo, su labor fue fundamental, la verdadera piedra angular para que Vigo, entre los siglos XVIII y XIX comenzara a convertirse en una ciudad.

Se puede afirmar que, cuando Vigo era una villa marinera, Buenaventura Marcó del Pont fue el artífice del primer impulso que la convertiría en la ciudad actual.

Casado con la viguesa Juana Angel Méndez, allí nacieron sus hijos, entre ellos Francisco Casimiro, último gobernador de Chile; y Buenaventura Miguel, que llegó a ser uno de los hombres más importantes de Argentina en sus primeros tiempos como nación.

UN GRAN EMPRENDEDOR Y ARMADOR DE CORSO

Procedente de su Calella natal, en la provincia de Girona, Buenaventura Marcó del Pont i Bori arribó a nuestra ciudad con la temprana edad de 22 años, corriendo 1750.

Fue el primer catalán censado en una población que contaba con unos cientos de vecinos. Y lo seguía siendo en 1867, cuando la villa ya había alcanzado casi mil habitantes. Por entonces se había convertido en una acaudalado comerciante debido a que algunos navíos franceses dedicados al corso descargaban en Vigo los botines obtenidos de los barcos británicos que se dirigían a las islas desde Portugal. Don Buenaventura adquiría aquellas mercancías para después venderlas a un buen precio.

Y como armador llegó a ser uno de los principales del norte peninsular, al que el momarca Carlos III le había concedido permiso para negociar con las Antillas. Más tarde, en 1779 estalló la Guerra de Secesión de Estados Unidos, España se alió con Francia contra Inglaterra y Portugal y Marcó de Pont obtuvo permiso de la corona para armar sus propios barcos de corso, al igual que otros comerciantes radicados junto al Berbés.

En los cuatro años que duró la confrontación, hasta 1783, la flota corsaria viguesa consiguió numerosas capturas de buques ingleses y lusos. Unos éxitos bélicos y comerciales gracias a los cuales Marcó del Pont recibió honores y obtuvo grandes logros para Vigo, que por fin pudo abrir su puerto al tráfico con Montevideo y Buenos Aires y posteriormente, en 1794, reinando ya Carlos IV, traficar libremente con todos los países de América.

Pero no sólo eso: montó en el Areal la primera industria de salazón similar a las que funcionaban en Mediterráneo, mediante técnicas aquí por entonces desconocidas. Con sus propios barcos decidió enviar aquellos salazones a Cataluña, con un éxito tan inmediato que pronto comenzaron a llegar – a partir de 1770 – decenas de paisanos suyos para establecerse en el Areal, por entonces una playa, como su nombre indica.

TRASLADO DE LA FAMILIA A AMÉRICA

De los cuatro hijos que Marcó del Pont tuvo con Juana Angel Méndez, tres de ellos optaron por la carrera militar. Como se mencionó arriba, Casimiro fue, entre 1815 y 1817, el último gobernador español en Chile, falleciendo en Buenos Aires en 1819.

El mayor, Buenaventura, ya se había trasladado a Argentina en 1783, para, como importador y consignatario, establecer allí una base de los negocios familiares, “Marcó del Pont y Compañía”, que llegó a ser uno de los mayores emporios comerciales de España y Ultramar.  Su descendencia devino en una de las familias más importantes de aquel país, habiéndose convertido en la actualidad su antigua residencia en importante museo y centro cultural.

Aquí en Vigo, Don Buenaventura Marcó del Pont, el hombre que sentó las bases para que la ciudad comenzara a convertirse en una potencia industrial, falleció en 1817 a los 79 años, edad muy avanzada para la época.

Poco antes, siendo regidor de la ciudad, promovió la construcción de la Colegiata, cuya primera piedra fue colocada en 1816. Y fue él, muy precisamente, quien donó la talla y retablo del Cristo de la Victoria (uno de sus barcos de corso había recibido el nombre de “Cristo de la Buena Victoria”).

En 1883, sus descendientes decidieron vender el solar donde se encuentra el referido edificio histórico que hoy ocupan dependencias de representación de la alcaldía. Así, un periódico de la época publicaba la siguiente nota: “La dicha casa es una hermosa construcción moderna, su situación para el comercio y habitación es una de las mejores de este puerto, y susceptible de establecerse en ella fábrica de sardina de primer orden o bien otro artefacto, puesto que tiene comodidad y ecstensión para todo”.

Así desaparecieron de Vigo los Marcó del Pont. Después de haber desarrollado su puerto y sentado las bases de Vigo como ciudad industrial.

AQUÍ UNA INTERESANTE REFERENCIA A LA FAMILIA MARCÓ DEL PONT Y SU DESCENDENCIA 

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page