Vigueses

Artículo publicado

22/09/2017

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

CESÁREO GONZÁLEZ
CON VIGO POR BANDERA, SU PROPIA VIDA FUE UNA GRAN PELÍCULA

Protagonizó en su juventud una de aquellas extraordinarias aventuras personales de la emigración

CESÁREO GONZÁLEZ | CON VIGO POR BANDERA, SU PROPIA VIDA FUE UNA GRAN PELÍCULA

Producía tantas películas que anualmente editaba un catálogo como el que se reproduce a la derecha de la imagen, que corresponde al año 1959, en el que, como siempre, destacaba la bandera de Vigo. La misma que sobre una panorámica de la ciudad y de la Ría tomada desde La Guía ondeaba orgullosamente en el arranque de todas las producciones cinematográficas de Suevia Films. Los vigueses de entonces también se sentían, lógicamente, orgullosos.

——————–

Impulsor de una industria cinematográfica que hasta entonces era muy precaria en nuestro país, en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo Cesáreo González supo levantar un imperio copiando, desde lejos y salvando todas las distancias, a la potentísima industria americana, capaz de lanzar un potente ´star system´ nacional que exportó con notable éxito a México, Brasil y Argentina.

Entre 1941 y 1967 su productora Suevia Films produjo más de ciento treinta películas, cinco por año, a las que hay que sumar coproducciones con los mayores países de Sudamérica. Protagonizadas por estrellas de aquel estilo Hollywood que él lanzó, como Paquita Rico, Sara Montiel, Lola Flores, Carmen Sevilla, etcétera. Acompañadas de los actores Vicente Parra, Fernando Rey o Paco Rabal. Y astros mexicanos como Jorge Negrete y María Félix.

Pero también, de forma paralela, hizo posible parte de la magnífica filmografía de Bardem produciendo ´Calle Mayor´ y ´Muerte de un Ciclista´, por ejemplo. Y de Berlanga, con la película ´Vivan los Novios´

A partir de su primera película, ´Polizón a bordo´, que decidió financiar en 1940 cuando todavía residía en Vigo dedicado a otros negocios, Cesáreo González supo levantar una potente industria cinematográfica española, todo un imperio basado en un sistema copiando desde lejos – esto en todos los sentidos – a la industria americana.

LA SUYA FUE OTRA SINGULAR HISTORIA DE LA EMIGRACIÓN

Su propia biografía, como la de otros emigrantes, más bien pocos, que regresaron para convertirse en empresarios en su tierra, es una peripecia de prolongado metraje. Vigués nacido en 1903, era, como casi no podía ser de otra manera, hijo de orensanos, en este caso de Nogueira de Ramuín, la localidad natal de otro gran personaje casi coetáneo suyo, también de exitosa vida empresarial por una diferentes vía, Eduardo Barreiros.

En 1915, a la edad de doce años, Cesáreo González fue remitido a Cuba por sus padres para acompañar y ayudar a un familiar dedicado a la venta ambulante.

No existen muchos datos a partir de entonces, solo retazos, entre ellos uno que se repite: terminó por convertirse en jugador de póker semiprofesional, frecuentador de los hoteles y casinos de aquella Habana poblada de gángsters que en invierno bajaban al calor del Caribe desde el norte de Estados Unidos.

En un año indeterminado se trasladó – probablemente tuvo que huir – a México donde un tío tenía una panadería. Se casó con su prima, ser hizo cargo de los negocios familiares que más tarde vendió y en 1931, dieciséis después de haber tomado el barco de la emigración, con veintiocho años y ya con un considerable capital, regresó a Vigo para abrir la Sala de Fiestas Savoy en la calle del Príncipe, conseguir la distribución de vehículos Citroën, a eso se llama tener intuición de futuro; y darse de alta en la Falange como miembro de primera hornada, todo un ´camisa vieja ´, o sea, con la misma vista y más a corto plazo.

Sus actividades en los años de la guerra civil se ignoran, aunque no debió alejarse mucho de Vigo, puesto que en 1938 encargó al arquitecto Francisco Castro Represas el edificio racionalista de cuatro plantas que hoy lleva su nombre en la Plaza de Portugal.

Finalizada la contienda, en 1940 inició su excepcional carrera como productor cinematográfico.

LAS BODAS DE PLATA DE SUEVIA FILMS SE CELEBRARON EN VIGO

Las oficinas de Suevia Films se encontraban en Madrid; pero sus orígenes y alma empresarial estaba en Vigo y así lo quería mostrar aquella bandera ondeante sobre la Ría que era el preámbulo de todas las películas.

Siempre ejerciendo de vigués, en 1953 Cesáreo González inauguró el Gran Hotel, resultado de la remodelación del edificio El Moderno que había adquirido unos años antes, de excelente arquitectura modernista firmada por el arquitecto Pacewicz en el arranque de Policarpo Sanz. Y lo hizo a lo grande, con la presencia de su fantástico elenco de estrellas de la época, todo un gran acontecimiento para una ciudad de algo más de cien mil habitantes.

Aunque todavía fue mayor el fiestón que organizó en 1965 con motivo de los veinticinco años de Suevia Films. En el mismo Gran Hotel y de nuevo con el protagonismo de su elenco de actrices y actores, con proyecciones de sus películas en todos los cines de la ciudad. Cuentan las crónicas que Paquita Rico se arrancó a bailar por muiñeiras; y que Lola Flores expresó a la prensa que quería probar «pescaito», probablemente harta de tanto ´Pescaílla´.

Una celebración y una fiesta a la que acudió y de la que disfrutó Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de Información y Turismo del Régimen, al por entonces, por encontrarse en plena forma física, no le importaba mezclarse en ocasiones con la farándula y, a su manera, era un no disimulado admirador de las estrellas femeninas.

———————

Cesáreo González, que tanto quiso a su ciudad, siempre Vigo, falleció en Madrid dos años después, en 1967, a la edad de sesenta y tres años. Con él desapareció el imperio cinematográfico de Suevia Films dando paso a otros productores que siguieron su estela.

Un tipo excepcional, único entre casi todas las especies.

En nuestra ciudad lleva su nombre una calle en Las Traviesas, la que bordea por el sur el complejo deportivo municipal.

Por supuesto que fue un gran celtista, por lo que se prestó a presidir el club por una corto periodo de grave crisis en los años cuarenta. Y siempre que el Celta lo necesitó en aquellos tiempos de estrecheces económicas, allí estuvo él para echar una mano.

Pocos presonajes tan apasionadamente vigueses como Cesáreo González.

Que tuvo una vida en color por technicolor, con impresionantes y cambiantes planos desde que se subió al barco de la emigración a la edad de doce años. Para regresar y triunfar a lo grande.

E. LÓPEZ T.

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page