Unos por otros

Nuestra hemeroteca

Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

Quizás también te interese Quizás, también te interese

LA GUINDA

Unos por otros

LA GUINDA

CON UN TIRO EN EL CULO

CON UN TIRO EN EL CULO
                             
 Febrero de 1985. En pleno carnaval. La ciudad seguía convulsionada por culpa de la reconversión del sector naval. Centenares de trabajadores de los astilleros se habían quedado en la calle, tras el cierre de Ascon y la reducción de plantillas en los demás astilleros de la ría, y un día sí y otro también deambulaban por las calles de la ciudad haciendo ostensible su preocupación, su cabreo o su demanda de soluciones.
Por aquellos día se había montado ya una oficina de los llamados Fondos de Promoción de Empleo (FPE) en la calle Condesa Casa Bárcena, en la que Elena Espinosa Mangana ostentaba la representación del gobierno que había puesto en marcha aquel instrumento de “recolocación” o “reconversión” funcional de los trabajadores afectados. En el Gobierno de la ciudad, Manoel Soto Ferreiro manejaba el bastón de mando de la segunda corporación municipal democrática y entre sus compañeros de gobierno se encontraba Javier Pedrido Fraiz, quien no recuerdo bien si llevaba la responsabilidad de personal municipal.
El caso es que lo de la reconversión estaba agitando la franja atlántica de Galicia, de norte a sur. Raro era el día en que los periódicos no daban cuenta de algún altercado, algún atentado de “baja intensidad” o la quema de un kiosco de un responsable de UGT, no recuerdo si en Ferrol o en Coruña, que parecía simbolizar la oposición de los grupos más radicales a los Fondos de Promoción de Empleo. Parecía que algunos habían pretendido levantar la veda de representantes políticos o sindicales socialistas y había cierta inquietud.
En ese escenario, otro conflicto local (del que ya les hablaré) extendía la inquietud laboral al Ayuntamiento de Vigo. El mes anterior un empleado laboral del servicio de limpieza (aún no se le había entregado a las hermanas Koplowitz), Paulino Trabazos, no vio renovado su contrato temporal y lo consideró como un acto de represión sindical, por haber participado en una huelga del servicio en contra de su privatización. Paulino se instaló en una caravana frente al Ayuntamiento, con pancartas exigiendo su reingreso en la plantilla del servicio e inició una huelga de hambre, al tiempo que presentaba la correspondiente demanda ante la Magistratura de Trabajo, de la que era decano Miguel Angel Cadenas Sobreira. Pero en febrero el médico decidió su ingreso en el Hospital Municipal, dado el deterioro físico logrado con el ayuno.
El soplo
El Martes de Carnaval, en pleno jolgorio de la Porta do Sol y ya de madrugada, alguien me dio el “soplo”:
–¿Sabes lo del tiro en el culo de Pedrido?
–¿Qué?
–Pues que a Javier Pedrido se le disparó una pistola que llevaba y se pegó un tiro en culo.
Levantada la pieza me puse a la faena de contrastar la información. Les ahorraré el relato de las pesquisas y les diré que, a veces, las cosas se te ponen de frente y te atrapan. Resulta que el ingreso de Paulino Trabazos en el hospital coincidió con el de Pedrido, quien iba a ser atendido de una herida en una de sus nalgas.
Confirmada la cuestión, identificado, incluso, el médico que atendió la urgencia y certificó la lesión, lo siguiente fue publicar la noticia, aclarando en ella que el concejal portaba, sin disponer de permiso para tenencia de armas, una pistola porque, al parecer, se encontraba inseguro ante posibles atentados a su persona como el sufrido por su correligionario del norte unos días antes.
Logré, más tarde, un relato más preciso de lo ocurrido, que ya no me molesté en confirmar porque no pensaba darle más vueltas al asunto que las que requería la simple transmisión de una noticia de interés general, perfectamente comprobada y en disposición de poderlo demostrar, porque yo seguía ateniéndome a la máxima de que, una vez enterado de algo que la gente tiene derecho a conocer, tras haberlo comprobado y poder demostrarlo si fuese necesario, nada obsta a su publicación. O sea: se publica.
Para dentro de quince días dejo el relato de las fantásticas versiones que desde el Ayuntamiento se hicieron circular para “desactivar” la gravedad del suceso, además de la otra que pude conocer dotada de más verosimilitud.
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page