Unos por otros

Nuestra hemeroteca

Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

Quizás también te interese Quizás, también te interese

LA GUINDA

Unos por otros

LA GUINDA

CREACIONISTAS

CREACIONISTAS
Un fantasma recorre el mundo; el fantasma de Darwin. Dentro de unos días, el 12, se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin y, también este año, 150 de la publicación de “El origen de las especies”. Desde entonces, el mundo se ha dividido entre creacionistas y evolucionistas, es decir, entre seguidores de la fe y seguidores de la razón. Es verdad que por el medio se han colado los clásicos equidistantes que suelen expresarse tal que así: “si bien es cierto que…, no lo es menos que…”, con lo que creen blindarse con una vela a dios y otra al diablo.
Pero, además de dar cuenta de la efemérides, ¿a qué viene esto ahora? Se lo diré. Esto viene a cuento del lío sobre una asignatura que vuelve a dividir, como en su día dividieron las afirmaciones de Nicolás Copérnico o Galileo Galilei.
El Tribunal Supremo ha sentenciado que la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” no es materia objetable desde la conciencia. La contumacia conservadora, siempre temerosa de lo que no comparte o no entiende, llegará hasta el Constitucional si es preciso, en el vano intento de que sus lícitas y legítimas creencias personales se conviertan en materia judiciable. Pero para mí que son lentejas.
Quienes pretenden impedir que los niños sean instruídos en los valores cívicos que ha ido depurando la evolución del mundo suelen ser los mismos que se quejan de la falta de valores del entorno generacional de sus hijos, como si una asignatura destinada a llenar ese vacío fuese el mismísimo anticristo e impidiese a alguien transmitir valores complementarios en el seno familiar.
Pues bien, es sólo cuestión de tiempo que alguien pretenda, como ya ha ocurrido con éxito en los EE.UU., que en las escuelas y las universidades se impartan enseñanzas basadas en el creacionismo, por ver también de conseguir que su íntima creencia en que un ser superior, atemporal y todopoderoso, ha creado al hombre de la nada y a su imagen y semejanza, obligue también al Estado.
Ya hay síntomas de ello en sectores organizados de la sociedad. Entre sus recetas políticas, los neocatecumenales, los “kikos”, han decidido defender que el episodio del Génesis ha de ser interpretado literalmente: Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo, o sabath. Y lo mismo vale para Noé, que salvó a los humanos y a las bestias (por parejas heterosexuales) haciéndose un curso relámpago de ingeniero naval, dirigido por Yaveh, y metiéndolos en un megabarco con techo donde se pasaron los 40 días y 40 noches que estuvo lloviendo a mares, hasta que encalló en el monte Ararat y ya cada mochuelo pudo irse a su olivo. Claro que también se adjudica bíblicamente a Noé la invención del vino, aunque a nadie se le ocurrió relacionar lo del arca con un resacón de no te menees, o con un simple episodio de “delirium tremens” poblado de animales.
Sigo preguntándome por qué hay gente que se empeña en que todos nos sometamos a su forma de ver las cosas, envileciendo lo respetable de la práctica íntima de las creencias personales. Si se cree o no en Dios es cosa de cada uno, aunque algunos sigan empeñados en llevarle la contraria al dios en el que dicen creer cuando dijo aquello de “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
La mostrenca oposición, con alegatos de objeción de conciencia, a la Educación para la Ciudadanía no es más que otra expresión de la inveterada falta de respeto de algunos creyentes hacia quienes no comparten su fe, olvidándose de que en todo caso nadie prohibe seguir creyendo que procedemos directamente del barro primigenio y de un soplo divino.
En resumen: las bases para el debate legal sobre creacionismo y evolucionismo están puestas, aunque en el debate social ya se han levantado los primeros tabiques de la obra. Pero es un hecho que Darwin descubrió lo que descubrió; que la ciencia demostró lo que demostró, y que el que prefiera creer lo contrario está en su pleno derecho, pero carece del de imponérselo a los demás.
Por lo visto, la cuestión es si estamos a lo que estamos, o vamos a seguir teniendo que organizar la educación de nuestros hijos con las verdades que sólo la fe (del tipo que sea) nos permite alcanzar.

Si disponen de dos minutos y cierto sentido del humor, disfruten esto: NIÑO PREDICADOR

ANTONIO OJEA

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page