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14/03/2021

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EN EL AÑO 1964,
UNA ACCIDENTADA VISITA
DE LA USS NAVY AL PUERTO DE VIGO

En Noviembre de aquel año, con motivo de la recalada en nuestro puerto del buque USS Raleigh, en la foto, las calles de Vigo vivieron dos días de gravísimos incidentes provocados por los desmanes de los marinos norteamericanos, que incitaron a la rebelión de muchos vigueses que decidieron enfrentarse a ellos. Fueron días violencia callejera en pleno franquismo.

EN EL AÑO 1964, | UNA ACCIDENTADA VISITA | DE LA USS NAVY AL PUERTO DE VIGO

La aislada España bajo aquel régimen había entrado en la ONU en 1955 apoyada por Estados Unidos. Y a cambio de alimentos y armamento de segunda mano las bases norteamericanas en nuestro país, las de Torrejón y Rota, ya se encontraban operativas.

En el escenario de aquellos años, en Junio de 1958 el puerto de Vigo vivió lo que por entonces se consideró un gran acontecimiento: el portaviones USS Lake Champlain, de 271 metros de eslora y con una tripulación por encima de los 3.400 hombres, atracó en la Estación Marítima y las calles de la ciudad se llenaron de exóticos marinos norteamericanos. Entonces no hubo problemas.

Poco más tarde se estableció en la ciudad un consulado de Estados Unidos, concretamente en la calle Reconquista esquina con Marqués de Valladares, a cargo de dos diplomáticos profesionales, un cónsul y un vicecónsul que en los primeros años sesenta frecuentaban, junto con sus respectivas esposas, los recién estrenados tres primeros hoyos del campo de golf del Aero Club, en Peinador.

PERO OTRA VISITA POSTERIOR RESULTÓ MUY DIFERENTE

Seis años después, en Noviembre de 1964, la armada estadounidense repitió visita a Vigo, en esta ocasión por medio del barco anfibio de transporte y desembarco USS Raleigh, otro gran buque, en este caso de 160 metros de eslora y con quinientos oficiales y marineros a bordo, que venía de participar de unas maniobras en nuestras costas y en las de Portugal.

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Y fue, corriendo el mes de Noviembre de aquel año, cuando se montó el gran follón. Los tripulantes borrachos que recorrían en grupos las calles de la ciudad se dedicaban a provocar destrozos que condujeron a graves altercados, mientras la policía militar del barco, que patrullaba con armas bien visibles, como si se encontraran en una localidad conquistada, trataba de controlar la situación con arrestos de los marinos. Esto ante la obligada pasividad de los “grises”, la temida por los españoles Policía Nacional de entonces.

Incluso se dieron, por parte de los militares yanquis, agresiones a ciudadanos, como la ocurrida en la confluencia de Colón y Urzáiz – entonces José Antonio -, donde unos marineros apalizaron a unos jóvenes haciendo uso de sus cinturones reglamentarios.

Este suceso llenó de mayor indignación a los vigueses, produciéndose una especie de levantamiento patriótico: numerosos ciudadanos acudieron a manifestarse frente al barco portando banderas españolas confeccionadas con un palo y con la tela con la enseña nacional que se vendía por metros en comercios como Alfredo Romero, en la calle del Príncipe.

ASALTO AL CONSULADO NORTEAMERICANO

La situación se convirtió en muy difícil para las autoridades franquistas: defender a los vigueses de las agresiones de los marinos americanos significaba enfrentarse a estos y a su policía militar, mientras que “disolver” a los ciudadanos que se manifestaban de manera “patriótica” tenía su complejidad.

Pero lo peor vino cuando unos “incontrolados” consiguieron llegar a la puerta del consulado de Estados Unidos, lanzar un artefacto incendiario al interior, penetrar en la legación y causar grandes daños en mobiliario e instalaciones.

Naturalmente, poco de esto fue reflejado por los periódicos de la época.

El consulado americano cerró poco después. Y el cónsul y vicecónsul que jugaban al golf en Peinador hicieron sus maletas y  desaparecieron. 

No sin antes atender las facturas que algunos comerciantes les habían presentado por loa daños sufridos. Se comentó que en algunos casos daños simulados, provocados por ellos mismos.

Y NINGÚN BARCO DE LA USS NAVY VOLVIÓ DESDE ENTONCES A VISITAR VIGO

J.G.F

Hay que mencionar que movidas eran también las recaladas de la flota británica, frecuentes en aquellos años. Las borracheras de los tripulantes eran memorables, algunas provocadas por alcohol vínico que compraban en las farmacias. Estos no agredían a ciudadanos: se limitaban a destrozar escaparates y vehículos que se encontraban en la calle. Y aquí hay que decir, con toda justicia, que el Consulado Británico también atendía después las reclamaciones, compensando económicamente a los perjudicados.

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