Punto de Mira

Artículo publicado

13/04/2022

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FUNCIONA MUY BIEN EL CUNQUEIRO
(a pesar de todo)

Las más de seiscientas mil personas que habitan el área sanitaria de Vigo tienen como referencia hospitalaria pública Meixoeiro, de plena titularidad de la Xunta; Povisa, centro privado que es concertado; y Alvaro Cunqueiro, gestionado en lo clínico por el Servizo Galego de Saúde en unas instalaciones arrendadas a largo plazo que son propiedad de un grupo de empresas que también se hacen cargo de los servicios complementarios. Una cobertura hospitalaria en tres diferentes modelos.

FUNCIONA MUY BIEN EL CUNQUEIRO | (a pesar de todo)

A mediados de 2015, la inauguración del Alvaro Cunqueiro estuvo envuelta en gran controversia por la fórmula elegida, un hospital de propiedad privada con atención clínica pública. Además comenzó su actividad con desajustes – algunos serios – que se fueron corrigiendo a lo largo de un periodo de rodaje.

Con una singular arquitectura sobre una superficie construida de 285.000 m2, el vanguardista macro hospital cuenta con 845 habitaciones y más de 1.400 camas, más de treinta quirófanos, un servicio de urgencias que ocupa 6.000 m2 y 116 puestos en cuidados críticos.

Tras la salida de Acciona en 2020, en la actualidad el actor mayoritario de la sociedad propietaria de las instalaciones es el fondo francés Meridian, que posee el 43% de las acciones, seguido, en un conglomerado de empresas, por la empresa gallega Puentes y Calzadas con el 23%. La Xunta de Galicia debe abonar un total de 73,4 millones de euros anuales, 42,5 por el arrendamiento y 30,9 por unos servicios que son, entre otros, limpieza, cocina, mantenimiento y lavandería. Esto hasta el año 2035, cuando el Cunqueiro pase a ser de plena titularidad pública.

EL NEGOCIO DE LOS OTROS SERVICIOS AL PACIENTE

La sociedad Novo Hospital de Vigo S.A explota el rentable negocio del gran  aparcamiento, que cuenta con cuatro mil plazas en dos plantas. Las tarifas son: gratis la primera media hora; 0,9 euros los siguientes treinta minutos; y a razón de 1 euro cada hora siguiente hasta un máximo diario de 8 euros. Existe la posibilidad de adquirir bonos por cinco, diez y treinta días, con un coste de 20, 33 y 60 euros, respectivamente.

Precisamente la existencia de ese aparcamiento que obliga a pagar a pacientes y familiares fue la causa de la mayor contestación ciudadana tras la inauguración del hospital, unas protestas que persisten dado que el parking gratuito que después construyó el ayuntamiento en terrenos próximos es pequeño y se encuentra a la intemperie. Mientras que el privado del hospital tiene acceso directo, mediante ascensor, a las amplias zonas de recepción y consultas y a todas las plantas del centro.

También provoca justificadas quejas el hecho de que ver la televisión en las habitaciones -algo casi esencial para muchos ingresados – sea de pago. La tele es comercializada por la misma mencionada sociedad que rentabiliza el aparcamiento, con unas cuotas que no son baratas, menos si consideramos que los ingresados en el hospital son usuarios de la sanidad pública. Una hora de televisión más radio 1,08 euros; y una hora de internet 0,96 euros. El bono de televisión por día cuesta 4,84 euros; y 12 euros si tiene una duración de tres días.

Dadas las críticas, el Sergas (Servizo Galego de Saúde) se ha visto obligado a llegar a un acuerdo con la empresa concesionaria, de modo que, tras solicitud, los internados de larga duración, considerándose como tal a partir de seis días, tienen televisión gratuita. Paga la Xunta; pero el número de canales es en este caso reducido. E internet es ofrecido por medio de una conexión abierta, lo que, al ser utilizado el servicio por el paciente, conlleva evidentes riesgos de seguridad

PERO EL HOSPITAL, CON SUS MODERNAS DOTACIONES, FUNCIONA MUY BIEN TANTO A NIVEL CLÍNICO COMO NO CLÍNICO

Así lo afirman prácticamente todos los testimonios que hemos recogido de pacientes ambulatorios o ingresados. La labor del personal médico es a todos los niveles impecable en su atención y eficacia, en su calidad. También es destacable, en general, la labor del personal no médico compuesto por trabajadores de las empresas propietarias o subcontratadas.

Son óptimos los servicios prestados por las empresas privadas, como mantenimiento o limpieza.  Y la comida ofrecida se encuentra a un buen nivel dentro de lo que se puede esperar en un hospital público. Además, el Cunqueiro suma a sus dotaciones una biblioteca y un auditorio, también un parque infantil donde dejar a los pequeños mientras los mayores visitan a sus familiares ingresados.

Lo que llama la atención es que un enorme hospital de estas características carezca de determinados servicios médicos. Por ejemplo: para un preoperatorio con sus correspondientes pruebas, análisis, radiología, consulta anestesista, se debe acudir a otro centro, al Meixoeiro, que se encuentra al otro lado de la ciudad, a unos cuantos kilómetros.

En el Cunqueiro, por sus dimensiones y largos pasillos, casi avenidas en las plantas 0 y -1, las de recepción y consultas externas, no es fácil la orientación para el usuario novato, ello a pesar de la señalización. En todo caso siempre se puede recurrir a la ayuda del amable personal con bata.

El Alvaro Cunqueiro es un modelo híbrido de hospital extraordinariamente gravoso para las arcas públicas que se sacó de la manga la Xunta de Núñez Feijoo; pero un complejo que funciona muy bien. Esto gracias, como se suele decir en estos casos, al conjunto de todos los profesionales que allí trabajan, más de tres mil seiscientas personas entre personal clínico y no clínico.

Que disponen de su propio aparcamiento. Por supuesto, gratuito.

El Cunqueiro, junto al Meixoeiro – inaugurado en 1989 – y el Nicolás Peña, este psiquiátrico, conforman el Complejo Hospitalario Universitario de Vigo.

V.E

AUNQUE ESE NOMBRE…

 

En nuestra opinión, utilizar el nombre del gran escritor para denominar un gran hospital – en lugar de una biblioteca o un centro de enseñanza – fue un despropósito y también un agravio a su memoria. Además, uno de los más conocidos títulos obra de Cunqueiro se titula Escola de Menciñeiros, precisamente. Es decir, Escuela de Curanderos en castellano.

Era Don Alvaro un gran paladín de todos los vinos, sobre todo los de las Rías Baixas, capaz, base de cuncas, de beberse en una semana, acompañado de sus amigotes, un tonel como el de la fotografía. Afirmaba – y predicaba con el ejemplo – que el mejor remedio para el día siguiente contra los excesos alcohólicos era la ´leche de pantera´. Un brebaje compuesto, en su versión más sofisticada, por leche, ginebra, clara de huevo y canela. Algo que nunca prescribirían los profesionales del hospital que lleva su nombre.

No creemos que desde el imaginario más allá al escritor le guste nada que un enorme hospital lleve su nombre. A él, que no gustaba nada de frecuentar centros médicos, seguro que lo considera una innecesaria afrenta fuera de tiempo y para la literaria eternidad.

¡A quién se le habrá ocurrido!

 

Ver aquí, publicado el 15/06/2015:  ALVARO CUNQUEIRO. UN NOMBRE MUY DESAFORTUNADO PARA EL NUEVO HOSPITAL

 

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