Unos por otros

Nuestra hemeroteca

Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

Quizás también te interese Quizás, también te interese

LA GUINDA

Unos por otros

LA GUINDA

HABÍA UNA VEZ…

HABÍA UNA VEZ…
Llevan más de dos siglos haciendo elecciones y parece que no han aprendido nada. O que han aprendido demasiado. Me refiero, claro está, a las magnas presidenciales de los EE.UU., la más antigua democracia formal del mundo.
Para empezar, diré que escribo esto el primer martes después del primer lunes de noviembre del año electoral 2008 (aunque ustedes podrán leerlo el segundo lunes de este mes), en el mismo momento en el que más de 150 millones de norteamericanos eran invitados a emitir su voto para designar los 538 agentes electorales que elegirían presidente de los EE.UU. a John McCain o Barak Obama.
Esta convocatoria me recuerda la de 1960, en la que aquellos adolescentes de entonces apostábamos por la elección de JFK porque sería el primer presidente católico en la mayoritariamente protestante Norteamérica. Ahora se la están jugando a que haya un primer negro en la Casa Blanca. Pruritos para alimentar el Guinness.
Han tenido que pasar 230 años para que en el país de la igualdad una etnia cada vez menos minoritaria pretenda el respaldo de sus conciudadanos. En el país del american dream que ha elevado a los altares de la política eso de que “todos nacemos iguales”, hace sólo unas décadas que se abolió realmente el apartheid.
En ese país que gobierna el mundo disfrutan de un sistema electoral que para sí quisiera cualquier reyezuelo de cualquier tribu subsahariana. Con decir que el ex presidente Jimmy Carter, reputado observador internacional en comicios electorales, rechazó la sugerencia de “observar” las elecciones en su país por considerarlas manifiestamente manipulables creo que bastaría. Recordar el bochornoso espectáculo de los poderes políticos y judiciales estadounidenses privando de sus derechos a varios millones de compatriotas en las votaciones y los escrutinios de las dos últimas convocatorias debería dar ya para desconfiar. Del escándalo del recuento de votos en Florida para que ganara George W. Bush para qué hablar.
Imperio o democracia
El caso es que, se mire desde donde se mire, una democracia política (un hombre, un voto) resulta impracticable en la potencia que dirige cualquier imperio. Sobre todo en un escenario tan poco fiable como el que establece el sistema que rige en los Estados Unidos. Allí, con cada elección se suceden los escándalos por la ausencia de máquinas para votar, por la exclusión de votantes registrados, electores exhaustos que han de abandonar las colas después de pasarse en ellas 12 o 13 horas, o por el empleo de programas informáticos que modifican automáticamente los resultados.
Decir que hay que ser ingenuo para creerse que las cosas que de verdad importan a la metrópolis del imperio (a quienes la dirigen en la penumbra) serán diferentes si gana uno u otro resulta, por demás, políticamente incorrecto. Pero es así.
Un imperio no se crea ni se mantiene a base de votos populares, porque los electores se encuentran tan lejos de los centros de poder real que hacen y deshacen presidentes, según sople el viento de sus intereses, que jamás podrán situarse en condiciones de torcer los designios de la oligarquía realmente gobernante.
Bush fue aupado, con dinero y fraude electoral por medio, por los grandes trusts petroleros a cuya corte pertenece su familia, como Dick Cheney o la mismísima Condoleezza Rice. ¿Sabían que el siguiente superpetrolero al “Exon Valdez”, que provocó aquella catástrofe ecológica en Alaska, llevaba por nombre “Condoleezza”? En cuanto la Rice apareció en la alta política, el petrolero fue rebautizado. Y, ¿de donde es gobernadora la pintoresca Sarah Palin? Pues de una Alaska cuyo subsuelo alberga tal cantidad de hidrocarburos como para que las petroleras que apoyaron a Bush sigan pretendiendo derogar la moratoria impuesta por Clinton para perforar allí, después de la alerta ecológica del “Exon Valdez”.
Por lo visto, el dilema real no es Obama o McCain, sino imperio o democracia. Y el caso es que no me creo que ambos términos puedan ser compatibles o viajar juntos.

Once upon a time…

ANTONIO OJEA

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page