Punto de Mira

Artículo publicado

08/05/2022

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LA CIUDAD VERTICAL DE LA JUSTICIA

La denominación Ciudad de la Justicia no parece muy apropiada para una enorme estructura vertical de casi ochenta metros de altura. La inauguración será el próximo día 24 y la presidirá el rey actual, primer empleado del Estado. Que para eso están y por ello cobran los monarcas constitucionales, también por asistir a estos actos

LA CIUDAD VERTICAL DE LA JUSTICIA

Esta Ciudad de la Justicia de Vigo es eso, vertical. Con el contradictorio simbolismo que su arquitectura conlleva.

El Pirulí, como enseguida le llamaron los vigueses de entonces, fue inaugurado en el año 1955 como gran hospital por un Caudillo que tras haber vencido en una espantosa guerra civil mandaba por entonces en una nación empobrecida y nada libre. El mismo Generalísimo que años más tarde nombraría a Juan Carlos I, padre de Felipe VI, sucesor a título de rey.

En lo más elevado de la ciudad, el edificio se convirtió en el tercero más alto de España. Y le llamaron oficialmente Hospital Almirante Vierna en honor al comandante del crucero Baleares que en 1937 fue hundido por la flota republicana. Un año antes el Baleares había bombardeado con saña la carretera Málaga-Almería por la que huía una multitud tras la toma franquista de la capital malagueña, causando una enorme masacre entre la población civil en uno de los peores episodios de la salvaje guerra española. Casi dos décadas después decidieron homenajear al despiadado comandante de aquel barco dando su nombre a un hospital. Eran aquellos otros tiempos; pero tiempos que, precisamente por vivir en paz  y democracia, conviene no olvidar.

El Pirulí funcionó durante muchos años como un hospital disparatado justamente por lo vertical, lo que nunca debe ser un centro médico para su buena operatividad. Ya con el nombre de Hospital Xeral, estuvo prestando servicios sanitarios hasta 2015, cesando su actividad cuando se inauguró el Nuevo Hospital que también de manera nada apropiada, en este caso por ignorancia, los de la Xunta bautizaron con el nombre de Alvaro Cunqueiro, autor de un libro que se titula Escola de Menciñeiros. O sea, curanderos.

Por cierto, el Cunqueiro, como decimos los vigueses, funciona muy bien. Lo que hay que destacar, sobre todo por las polémicas que siguieron a su inauguración.

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En lo más alto de la ciudad, la verticalidad de la Ciudad de la Justicia tampoco parece, al igual que ocurría con el antiguo hospital, la estructura más apropiada para las actividades que allí se van a desarrollar.

Pero eso sí, las rampas mecánicas de colorines de Caballero, como sucesivas serpentinas, con su alongamiento hasta más arriba de El Corte Inglés, hasta la calle Nicaragua, van a demostrar una mayor utilidad al servir para trasladar a encausados, testigos, curiosos que acuden a juicios, abogados, procuradores y todo el personal que, por profesión o por obligación, se mueve de manera permanente o circunstancial en los ámbitos de la justicia. Ocurre que al ir cambiando el ascendente pasadizo de tonalidad los usuarios con destino a los tribunales verán su caso primero verde, después rojo, a continuación naranja, seguidamente en azul, para pasar a una inquietante tonalidad amarilla. Llegarán desconcertados.

Una justicia que si dicen que es lenta ahora puede serlo bastante más, con tanto subir y bajar por el enorme tinglado judicial.

Lo mejor la recuperación comercial de la zona, que se vio tan afectada por la desaparición del Xeral que provocó el cierre de muchos negocios, afectando muy especialmente a la hostelería.

Peor hubiera sido llamar al antiguo Ciudad de la Justicia Vertical al antiguo Pirulí.

Vigo siempre es diferente.

V.E

 

 

 

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