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12/01/2022

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16/06/2022

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LA VIDA SEGÚN TACHO RIBAS
Un gran navegante
tanto en mar como en tierra

Para la mayoría, Juan Ignacio Ribas González es un desconocido. Durante largos años surcó el Pacífico de isla en isla hasta que decidió radicarse en Auckland, Nueva Zelanda. De cuando en cuando y si no tenía otro remedio aparecía por Vigo para ocuparse directamente de sus negocios. Pero casi nadie se enteraba de su presencia en la ciudad.

LA VIDA SEGÚN TACHO RIBAS | Un gran navegante | tanto en mar como en tierra

ESTE REPORTAJE FUE POR PRIMERA VEZ PUBLICADO EN EL AÑO 2015

Los propietarios de un afamado astillero de Calpe, en Alicante, que construían yates Endurance como el de la foto, siempre recuerdan a Juan Ignacio Ribas González, Tacho, como su más singular cliente histórico; y así lo refleja en un blog un miembro de la familia propietaria de la empresa

“Una persona afable, cordial; pero tremendamente desconfiado”. En el año 1978 Tacho les encargó un Endurance 35 y tras la entrega los volvió locos sometiendo a la embarcación a todo tipo de pruebas hasta que finalmente quedó satisfecho. “Es no me puedo fiar de los mediterráneos, que sois unos fenicios”, les dijo él, descendiente directo de catalanes y bien conocido por su comedido uso del dinero de bolsillo.

Bautizó el barco como Abuelo III y, tras haber navegado unas semanas por las Baleares, partió hacia Canarias con el fin de preparar la travesía del Atlántico que pensaba realizar en solitario.

LOS DIFERENTES EMPRENDIMIENTOS EMPRESARIALES DE LA FAMILIA RIBAS

Tacho se presentó a los del astillero alicantino como experto en cría de ostras, lo que era muy cierto, tanto que en 1970 inventó y patentó un “Procedimiento para la obtención industrial de cría de ostra en condiciones artificiales” (ver aquí)

Pero no mencionó que además era hijo de Juan Ribas Barreras, destacado armador y conservero vigués que se distinguía por diferenciar su marca mediante la producción de novedosos enlatados, diferentes a los tradicionales. Así, en 1957, J.Ribas e Hijos anunciaba en el diario ABC una crema de pescado con el siguiente apetitoso slogan: “mejor que el mejor foie-gras”

En el mismo diario se publicitaban, asimismo, las propiedades medicinales del agua mineral Fontenova, del balneario del mismo nombre, en Verín, también de su propiedad. Y en 1959 Juan Ribas adoptó una de las mejores decisiones de su destacada trayectoria empresarial: en la constitución de Begano, la productora y embotelladora de Coca-Cola que se iba a radicar en A Coruña, participó suscribiendo más del 20% de los títulos, convirtiéndose así, desde el primer momento, en el principal accionista.

Por entonces, el padre de Tacho Ribas ya había invertido en grandes extensiones de terreno urbanizable en Vigo, lo que posteriormente conduciría, con socios, a  promociones inmobiliarias en las que participó muy directamente su hijo, algunas ciertamente atractivas, como Apart Uno, en la Gran Vía, que introdujo en Vigo un nuevo concepto de vivienda.

Mucho antes, en 1933, unas tías de Tacho, Rosa, Luisa y Teresa Ribas, mandaron construir en la esquina de Marqués de Valladares con Colón el magnífico edificio que lleva su apellido y que es una de las joyas de la arquitectura racionalista de la ciudad.

TRAS CRUZAR EL ATLÁNTICO, A TACHO LE PARECIÓ QUE LO MÁS LÓGICO SERÍA PASAR AL PACÍFICO A TRAVÉS DEL CANAL DE PANAMÁ

En Las Palmas Tacho, que ya superaba la cuarentena, se encontró con una joven que conocía de tiempo atrás, proponiéndole que lo acompañara en la travesía, a lo que ella, damisela muy intrépida que no había navegado en su vida, accedió de inmediato.

El Abuelo III cruzó el océano y se posicionó en las panameñas islas de San Blas, el archipiélago que es territorio autónomo de los Kuna, unos indígenas con los que el extraño hombre del barco se relacionaba a base de proporcionarles pescado a cambio de carne. Abandonado por su acompañante, que quiso regresar a Canarias después de tantos oleajes y mareas con sus idas y venidas, desde las San Blas Tacho realizaba frecuentes singladuras por el Caribe, donde llegó a convertirse en un personaje bien conocido por otros navegantes: “Abuelo, Abuelo, aquí Abuelo”, la llamada sonaba con frecuencia en las radios de los muchos yates que por entonces frecuentaban la zona, entre ellos el mítico Xargo IV, barco de competición y vencedor de tantas importantes regatas con tripulantes vigueses a bordo.

Transcurrido un tiempo, Tacho decidió que era hora de dar el gran paso: cruzar el Canal de Panamá para adentrarse en el Pacífico hacia otro mundo. Una resolución que iba a significar el inicio de la nueva vida que andaba buscando.

DIFERENTE UNIVERSO OCEÁNICO Y EL EPISODIO DE LAS ISLAS TUAMOTUS

No sabemos donde conoció a Louise Nena Cadle, pronunciado “Nina”, si en el Atlántico o en el Pacífico, una estadounidense natural de Florida dos décadas más joven que él.

Pero sí que en el año 1985 unos navegantes americanos descubrieron al Abuelo III fondeado en una de las pequeñas islas Tuamotus, en la Polinesia francesa. A bordo se encontraban Nena Cadle junto a la pequeña hija de ambos, Luisa, y Tacho tirado en el suelo de la cabina de la embarcación, inmovilizado con la espalda dañada por un puntual excesivo esfuerzo y necesitando de atención médica.

El otro barco auxilió al Abuelo III y ambas embarcaciones enfilaron hacia Tahití, a doscientas cincuenta millas de distancia, donde Tacho fue tratado y se recuperó para seguir navegando el Pacífico con su pareja e hija.

ARRIBADA A NUEVA ZELANDA PARA CONSOLIDAR UNA FAMILIA DE NAVEGANTES

Los vientos, el ánimo y el rumbo elegido lo llevaron a Auckland. Nada mejor que las antípodas, el lugar más alejado posible de Vigo, para establecerse y hacer crecer la familia. En un país privilegiado de islas, montañas y mucho mar donde crecieron los dos hijos que siguieron a Luisa, de nombre Juan y Diego Ribas-Cadle, un apellido compuesto motivado porque en los países anglosajones sólo se utiliza uno.

En Aukland fundó Tacho la compañía Mopelia Limited, a la que traspasó su paquete de acciones de Begano.

Luisa se envolvió en el mundo de la música y se aficionó a correr maratones; Diego se convirtió en un experimentado alpinista; y Juan Ribas-Cadle es un buen jugador de ajedrez e inventor con patentes relacionadas, cómo no, con el mar. Entre ellas un artilugio para mejor aprovechar la energía de las olas, las mismas que siempre movieron a la familia.

PERO DESDE LA ENORME DISTANCIA NUNCA DEJÓ DE ESTAR LIGADO A VIGO Y GALICIA

Nos dicen que en la actualidad Tacho Ribas vive en Mallorca, es decir, en este lado del mundo, de vuelta a casa. Dejó Nueva Zelanda, volvió a cruzar los océanos en sentido inverso, se adentró en el Mediterráneo y se ha instalado en la mayor de las Baleares, donde, tan evasivo como siempre o quizás más, se esconde. Pero ya sea en Mallorca o en cualquier lugar los mares, tan anchos, serán siempre su presente.

Nena Cadle se ocupa de los intereses, sobre todo inmobiliarios, de J.Ribas e Hijos, sociedad domiciliada en Madrid, la cual desde su sede de Vigo, distribuye Kiwigrip, un producto antideslizante para impregnar cubiertas de embarcaciones.

En 2012 Begano fue vendida a Cobega, en operación que llevó a la creación de Coca-Cola Iberian Partners y por la que Juan Ignacio Ribas, a través de Mopelia Limited, la compañía neozelandesa y mencionada, recibió la mayor porción de la tarta, una millonada.

También nos comunican que se ha comprado un magnífico catamarán de lujo con casco de aluminio, un Sun Reef de setenta pies con potentes motores y capacidad para ocho personas en cuatro cabinas, además de la tripulación, que chartea para expediciones por el Mediterráneo. Por cierto, pintado con los colores de Vigo, blanco y rojo.

Habiéndose pasado la mitad de su existencia huyendo para tratar de encontrarse a sí mismo, ahora, con el objetivo conseguido, disfrutará quizás ensoñando nuevas navegaciones ya no posibles.

HE ORA PAI, ME TE ROA. Lo que, según el traductor de Google, en el idioma de los maoríes significa Una espléndida y larga vida. Y si la traducción no es exacta pues da igual, porque eso es lo que nosotros queremos decir.

BLAS CALZADA

Aunque formando parte de la antigua sardinocracia de origen catalán, los Ribas siempre fueron diferentes, a su aire. Así, el tan singular padre de Tacho, Juan Ignacio Ribas Barreras, aun siendo un empresario por encima de todo gustaba de relacionarse – sin olvidar nunca los negocios – con miembros de la intelectualidad gallega y galleguista. Una familia que produjo otro personaje muy especial, Federico Ribas Montenegro, el excepcional ilustrador vigués que está considerado como uno los grandes artistas plásticos españoles del Siglo XX.

Ver aquí:
FEDERICO RIBAS MONTENEGRO. EN SU TIEMPO UN VIGUÉS UNIVERSAL

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