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La Xunta informa

El presidente de la Xunta tiene contrastada experiencia en este campo. En sus tiempos de ministro de un régimen totalitario, Fraga Iribarne ejercía su poder sobre los medios de comunicación desde un llamado Ministerio de Información y Turismo. En la Galicia de hoy, adaptadas las fórmulas a las circunstancias actuales, los efectos son muy similares.

La Xunta informa

El ejercicio de dominio sobre la información que se da en Galicia no sería aceptable en ningún otro escenario que quisiera definirse como democrático, con unos niveles de intervención del ejecutivo sólo comparables con los practicados por regímenes autoritarios de otros tiempos. En este sentido, el país gallego goza poco de los beneficios de un sistema como el que oficialmente nos toca vivir.

En las épocas ministeriales de Fraga Iribarne, para esta práctica de control bastaba con utilizar el decreto y/o la consigna. Aunque tampoco resultaba barato para el estado, que debía mantener sus propios recursos de comunicación, la amplia cadena de periódicos y radios del Movimiento.

La Xunta cuenta también con “medios propios”, la Televisión de Galicia, con la radio autonómica; y, en la práctica, el diario El Correo Gallego. A los otros, teóricamente independientes, hay que compensarlos económicamente. En Galicia, la información dirigida, o la falta de información, se paga muy bien, hasta el punto que hay periódicos que no sobrevivirían sin los ingresos que obtienen del gobierno gallego.

El otrora Fraga Iribarne, convertido en Don Manuel, ha sabido adaptarse a las nuevas circunstancias. Siendo él quien ejerce de caudillo democrático -¡qué cosas! -, estas funciones de propaganda política han sido delegadas, siempre bajo su supervisión, a otro ministro de información y turismo, Jesús Pérez Varela, cuyo cargo oficial es el de Conselleiro de Cultura, Comunicación Social y Turismo.

Inversión pública en información

Ya que no puede ser de otra manera, el control de la información por parte de la Xunta de Galicia se basa en chorrear grandes cantidades de fondos públicos sobre los diarios y emisoras de radio gallegas. Muchas decenas de miles de millones de pesetas fueron destinadas para este fin desde que Fraga llegó al poder.

Los diarios se aprovechan de la contratación de suplementos especiales de propaganda política, y de páginas y páginas de publicidad directa. Las consellerías más activas son las de Política Territorial y Sanidad, seguidas de Medio Ambiente, Asuntos Sociais y Pesca; pero también se otorgan contratos publicitarios con empresas públicas, así como subvenciones que, teóricamente, deberían ser destinadas a la reconversión tecnológica de los medios.

En el caso de El Correo Gallego, diario oficioso del ejecutivo de Fraga, la Xunta adquiere todos los días miles de ejemplares que se reparten por los despachos de los centros oficiales o que van directamente a cualquier planta de reconversión de papel, sobre todo los de la edición en gallego de este diario, que nadie lee. Una edición en gallego que goza de otras ayudas adicionales.

Aunque de estas compras de ejemplares se benefician, en mayor o menor medida, prácticamente todos los diarios gallegos.

Pasado y presente de Pérez Varela

El factótum que mueve los hilos de todo este tinglado es Jesús Pérez Varela, natural de Redondela, de entre cuyas virtudes se pueden destacar las de ser leal, agradecido y servicial con su patrón, al que profesa gran respeto y admiración.

Pérez Varela nunca dejó de ser consecuente con el ideario político que manifestó en su paso por el diario ultraderechista Alcázar, y posteriormente como director del pro golpista El Imparcial. Muchas veces se le acusó de estar en la trama civil que apoyaba el golpe del 23-F, un golpe que, de haber triunfado, quizás le hubiera reportado excelentes beneficios profesionales. Lo mismo que el posterior que se preparaba justo para la víspera de las elecciones generales de 1982.

Convertido en persona poco grata para los medios periodísticos de la democracia, sin ningún futuro en Madrid, Fraga lo rescató y se lo trajo para Galicia, donde se encuentra en su salsa, no sólo porque se trata de su lugar de nacimiento, sino porque la labor que ejerce en el ejecutivo gallego es muy similar a la que ejercería un ministro de propaganda de un gobierno, digamos, mussoliniano, en este caso con las teóricas limitaciones que impone una teórica democracia, esas que obligan a un gran derroche de dinero público. Los resultados, a la postre, vienen a ser los mismos: propaganda, información-desinformación y culto a la personalidad del jefe.

Una semana sí, y otra casi también, Pérez Varela recibe flores de homenaje – siempre magnolias – desde las páginas de El Correo Gallego.

Los miedos de los periodistas

Y no se esconde Pérez Varela. En Santiago es fácil verlo comiendo o tomando café con tal o cual columnista. Está en poder de completos informes sobre los profesionales, y es conocido el desprecio con el que a veces se refiere a sus antiguos compañeros de profesión.

Los periodistas de a pie – los que caminan casi todos los días hasta las habituales ruedas de prensa -, o los que en sus redacciones lidian con los muchos comunicados, no tienen demasiado que temer, excepto que están muy mal pagados y que las expectativas profesionales en Galicia no son demasiado halagüeñas; pero los columnistas que se atrevieron a sacar los pies del tiesto perdieron sus puestos y no volvieron a encontrar trabajo en ningún otro medio de comunicación.

Se trata de una “ley de prensa” no escrita. De alguna manera similar a la que durante el franquismo promovió el presidente de la Xunta en 1966, conocida como “Ley Fraga”, en virtud de la cual no pocos periodistas debieron visitar la cárcel. Fraga ya no puede mandar periodistas a Carabanchel, como solía; pero sí los envía al paro o al destierro.

Por eso los profesionales de la información tienen miedo, viven una situación de amenaza permanente por parte del ejecutivo. Ante lo cual el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia poco puede hacer. A este colegio se le permite su existencia. Y punto.

Un comisario político en la TVG

El conselleiro de Comunicación Social es el verdadero regente de la Televisión de Galicia, en este caso a través de un protegido, otro redondelano, Alberto Barciela Castro, tan fiel a Pérez Varela como éste lo es a Fraga.

Tildado desde su aterrizaje en el ente como “comisario político”, Barciela es un individuo joven, en su treintena, que pasa muchísimas horas, días, noches y madrugadas, en su despacho que es torre de control. Se comenta que se trata de un hombre acomplejado, que no sabe moverse fuera de los ámbitos profesionales en los que puede ejercer el poder que le fue conferido por su amigo y protector, de ahí que se refugie en una atalaya con terminales desde donde maneja los paneles con las instrucciones que le fueron encomendadas. Su cargo oficial es el de Director de Comunicaciones y Relaciones Externas de la CRTVG.

Los enredos informativos de la televisión gallega son evidentes, incluso burdos en ocasiones; pero muy rentables para el gobierno de Fraga, dado que el público mayoritario al que va dirigida la programación es muy sensible a la exaltación de la figura del nuevo patrón de Compostela.

Los trabajadores de Televisión de Galicia no sólo consideran a Barciela un comisario político, sino también el verdadero jefe de personal y el director de informativos.

Desde la misma televisión, y utilizando recursos de la propia casa, Pérez Varela y Barciela se encuentran en estos momentos embarcados en lo que ahora es su gran objetivo, por no decir obsesión: crear una gran red informativa en Internet, formar un nicho de poder un poco al margen, aunque siempre al servicio, del gobierno de Fraga. En ello están, y sus tentáculos, a través de una empresa privada, ya han alcanzado alguna Diputación.

Otros soportes económicos

Precisamente las diputaciones, y también las dos grandes cajas de ahorros gallegas, son otras considerables fuente de financiación para los medios de comunicación gallegos, que así complementan sus ingresos con los procedentes de la Xunta.

Tanto Caixanova como Caixagalicia, sobre todo la primera, compran silencio unas veces, bombo y platillo otras, a cambio de costosas campañas publicitarias. En sus mejores tiempos, La Región de Ourense dependía de la diputación provincial, de la que era portavoz, lo mismo que de la extinta CaixaOurense. Como obvio sigue siendo el apareamiento de El Progreso de Lugo con la diputación presidida por Cacharro Pardo.

El Faro de Vigo y La Opinión de A Coruña, los únicos diarios gallegos que no son propiedad de editoriales gallegas (pertenecen a Prensa Ibérica, en la órbita del Partido Socialista), se aprovechan igual que los otros del reparto del gran pastel, aunque a veces salgan protestones, como el Faro con el tema de la ampliación del puerto de Vigo, cuando se consideran perjudicados porque les ha tocado una porción más pequeña. Tanto en uno como en otro hay temas tabú que sus periodistas saben que no pueden tratar con un tono negativo: los negocios de Cuiña y Caixanova, por poner dos ejemplos.

A pesar de su tendencia política, a cambio de ingresos publicitarios le bailan el agua a la Xunta, a las diputaciones dominadas por el Partido Popular y a las caixas de ahorros.

Las intervenciones de Cuiña

No sólo Pérez Varela maneja dossiers de periodistas gallegos díscolos o poco afectos al sistema, también Cuiña, quien, además, en varias ocasiones ha intervenido decisivamente en la defenestración de profesionales de la información que osaron investigar sus actividades o publicar informaciones poco favorables a su persona.

Aún fue más allá el Conselleiro, cuando a uno de estos periodistas lo calificó públicamente de “piojoso que va por el río abajo matando piojos”. Está claro que aquí Cuiña sufrió un lapsus, seguramente al recordar su niñez junto a un modesto molino de la Galicia interior, presumiblemente con bastantes piojos en el entorno.

La Consellería de Ordenación Territorial es la que mas fondos públicos despilfarra en publicar “especiales” con informaciones acerca de sus logros viarios y de los otros. Como es lógico, su titular exige a cambio respeto y silencio acerca de las actividades económicas de su familia. Y a quien se salta la norma, se lo carga con una llamada al director del medio en el que trabaja el interesado.

Esto le ocurrió a un conocido columnista que colaboraba con El Mundo de Galicia en los primeros tiempos de este diario en Santiago, al que después seguirían por el mismo camino el delegado y el subdelegado del periódico en la capital de Galicia.

Antonio Rico, el subdelegado, pudo resarcirse más tarde, publicando una prolija información sobre los negocios de la familia de Cuiña en Interviú, publicación de la que es redactor-jefe, lo que le valió el apelativo de “piojoso” al que nos referíamos antes. En este caso, Cuiña no pudo hacer otra cosa que recurrir al insulto y al pataleo, porque sus garras económicas no llegaban hasta el cuello de una revista que no cobra de la Xunta.

El Mundo de Galicia en Galicia

No es el caso de El Mundo, el diario madrileño que encontró un buen filón en nuestra tierra, terminando por aliarse con El Correo Gallego, el diario casi oficial de la Xunta.

De tal manera que ambos se distribuyen conjuntamente, en ocasiones envueltos ambos los dos en profilácticos envoltorios de plástico; y otras, cuando hay prisa, al natural. De esta manera El Mundo también se beneficia de la automática compra de ejemplares por parte del ejecutivo gallego.

En sus primeros tiempos en Santiago, donde se encuentra la sede de la delegación, El Mundo trató de mantener una cierta independencia; pero pronto llegaron los problemas económicos por falta de publicidad institucional. Así que, al parecer, no tuvieron otro remedio que entrar por el mismo aro que la totalidad de los diarios gallegos.

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