Punto de Mira

Artículo publicado

30/09/2021

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LARGA VIDA A LA CALLE DEL PRÍNCIPE

Salvando unas distancias que van más allá de los tiempos, el impacto de Vialia sobre la calle del Príncipe será - ya lo es - muy parecido al que sufrió la calle comercial por excelencia hace cuarenta y seis años, cuando en septiembre de 1975 se inauguró en la Gran Vía el gran centro de El Corte Inglés. Lo que también fue un gran acontecimiento en la ciudad, un salto adelante en varios aspectos.

LARGA VIDA A LA CALLE DEL PRÍNCIPE

Antes de la llegada de El Corte, Príncipe, siempre con transeúntes, unos despaciosos y otros apresurados,  era la gran referencia comercial, urbana e incluso social. Allí estaban instalados dos reputados sastres, varias famosas joyerías, los esmaltes de Malde, la farmacia de Carrascal, la estupenda confitería Las Colonias, la importante librería de Barrientos, la mercería La Favorita, el histórico estudio fotográfico de Pacheco; pero siempre destacando los negocios de comerciantes zamoranos y maragatos bien asentados en nuestra ciudad que eran propietarios de los mejores almacenes de Vigo en textiles y zapatería. Eran los establecimientos de Olmedo, Bravo, Abdón Cruces, Carbajo, entre otros. Abdón Cruces competía en la venta de zapatos con su hermano Balbino Cruces, sus locales próximos. Y uno de ellos, Alfredo Romero, se construyó una especie de pretencioso comercio palacio de dos plantas, grandes escaparates curvados, mármol por todos los lados, cariátides en la fachada  y altas columnas con referentes de jónicas en la entrada. Todo un emblema de poderío comercial.

Y estaba, claro, el Círculo Mercantil, punto de encuentro y reunión de tantos vigueses, hoy lucida sede del Celta. También los juzgados, en el edificio en la actualidad sede del MARCO, en cuya parte trasera se encontraba una cárcel con presos dentro, bastantes de ellos políticos, que, para mayor castigo, escucharían desde sus celdas los rumores del exterior. Algo absolutamente aberrante en pleno agitado centro de la ciudad.

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En los años cincuenta y sesenta, cuando al atardecer los comercios cerraban la calle se convertía para los vigueses en una calle mayor de paseos de ida y vuelta saludando a los conocidos, que lo eran casi todos, y deteniéndose ante los escaparates. A través de la cristalera del punto de venta de máquinas de coser Refrey se podían ver a unas chicas dentro, haciendo prácticas. Porque era también una especie de academia de costura a máquina.

Aún antes, en las dos primeras décadas del siglo pasado, la calle del Príncipe había tenido otra vida diferente, también muy movida. Allí se encontraban la oficina central de Correos; las dependencias de la naviera británica Royal Mail Steam Packet, en vigués la Mala Real; la también británica compañía de telégrafos Eastern Telegraph, o sea, el Cable Inglés. Incluso, sorprendentemente, se encontraba en Príncipe la Oficina de Sanidad del Puerto. Y un popular obrador de chocolate, cuya producción era muy apreciada por los vigueses. En los años veinte el tranvía circulaba por la calle del Príncipe.

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El Corte Inglés, como ahora Vialia, trajo un nuevo concepto no solo comercial, también, se puede decir, de ocio urbano, dado que la gente iba no solo a comprar, también a ver y pasear por los departamentos y subir y bajar por las novedosas escaleras mecánicas. Y a tomar un algo en su cafetería; o a comer, los que tuvieran posibles, en su buen y caro restaurante que aportaba en la carta singulares platos de otras latitudes, como la fideuá levantina que allí descubrieron no pocos vigueses. A lo largo de unos cuantos años, El Corte Inglés se convirtió en un potente atractivo turístico que atraía a portugueses y gentes de otros lugares de Galicia.

Ante el empuje de los grandes almacenes tuvieron que cerrar una buena parte de los comercios de Príncipe. La calle pasó entonces por un periodo de hibernación, convirtiéndose, más bien, en lugar de paso. Hasta que en los años noventa comenzaron a llegar los comercios de marca que revitalizaron la calle, al tiempo que el Corte Inglés entraba en una cierta decadencia. Príncipe volvía a ser Príncipe.

Y lo volverá a ser, aunque de otra manera, probablemente muy diferente, cuando supere el impacto del formidable complejo de Vialia. Poque Príncipe es Príncipe y se adaptará a unos nuevos tiempos. Como lo hizo siempre desde su apertura allá por los años del último tercio del Siglo XIX

La ciudad vive un gran momento, está fuerte y se desarrolla como gran urbe que se extiende por una poblada área de influencia con Vialia como fantástico mascarón de proa, algo extraordinario para la ciudad, para su presente y para su futuro. Pero, además, los vigueses seguiremos teniendo la calle del Príncipe, que más pronto que tarde – ojalá sea así –  presentará unas nuevas credenciales. Así debe ser porque forma parte de la esencia, no solo urbana, de Vigo.

V.E

Enlace: DESTACADOS COMERCIANTES QUE TAMBIÉN HICIERON VIGO

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