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LAS «PREFERENTES» DEL BANCO POPULAR

En Vigo, la sucursal del Banco Popular en Policarpo Sanz se destacó en la colocación de un producto trampa, unos bonos subordinados a títulos del propio banco que perdieron casi un 80% de su valor desde 2009. Son las otras preferentes.

LAS «PREFERENTES» DEL BANCO POPULAR

Mejor no acceder al patio de operaciones de esta ni de ninguna de las oficinas del Popular. A no ser con el fin de retirar los fondos para trasladarlos a alguna de las entidades vecinas de mayor tamaño y solvencia, como son Caixabank, BBVA, Banco de Santander o el mismo Banco de Sabadell, que funciona de otra forma. Es lo aconsejable.

El Popular ha abusado de sus clientes vigueses mediante la colocación de unos bonos que fueron comercializados cuando los títulos del banco tenían un precio por encima de los siete euros. Y cuando sus responsables sabían muy bien que esa cotización iba a caer en picado.

VENDIERON LAS OTRAS PREFERENTES

Las similitudes entre las preferentes y los bonos del Popular están ahí, sobre todo en cuanto a las consecuencias para las víctimas de uno y otro producto.

Aunque los clientes que resultaron timados responden, en general, a un perfil diferente del que presentan los damnificados por las preferentes. Son ahorradores de clase media a los que convencieron – asimismo con el anzuelo de unas altas rentabilidades – para que se convirtieran en accionistas en precario del propio banco. Con el resultado de grandes minusvalías porcentuales.
 
Unos "bonistas" que no salen a la calle a protestar, sino que se refugian en sus casas para lamentarse. Y aquí hay que decir que la edad media de los clientes de esta sucursal es inusualmente alta.

– ¿Y si necesito el dinero antes de poder convertir los bonos?
– No se preocupe, el banco le da un crédito.

Los empleados están perfectamente aleccionados en las habituales malas prácticas. Y si tienen escrúpulos, a la calle, que se busquen en otro lugar un trabajo más honesto. 

ACTUARON COMO "COLOCADORES" DE BANKIA

Uno de los trabajadores designados para endilgar el producto fue el mismo que, en 2011, se encargó de llamar a aquellos detentatarios que todavía se mantenían en liquidez para convencerles – "somos colocadores" – de que compraran acciones de Bankia, que acababan de salir a Bolsa y que cotizaban a casi cuatro euros. Una gran oportunidad.

Debido a un exceso de confianza, ya que por entonces los bonos aun se sostenían en minusvalías no tan alarmantes, no pocos compradores de los bonos volvieron a caer en la red, adquiriendo títulos de Bankia.

El activo y eficaz "colocador"habrá sido felicitado por sus superiores. Posteriormente, por precaución, sin duda con la intención de proteger su integridad física, fue  trasladado de puesto y situado en un lugar poco visible de las dependencias, dedicado a otra área de negocio.

EL ESTUDIADO TIMO DE LA VISA HOP!

El colmo fue cuando algunos de los embarcados en los convertibles acudieron a pedir un pequeño crédito en busca de liquidez para tratar de evitar tener que vender sus bonos con ese setenta por ciento de minusvalía.

En la sucursal de Policarpo Sanz ya los estaban esperando con las Visa Hop! – que sólo comercializa el Banco Popular – preparadas. 

Se trata de una tarjeta de "pago aplazado" cuyos límites van de 3.000 a 60.000 euros y que no se puede amortizar de otra forma que no sea mediante una cantidad fija al mes y un 26% TAE. Pura usura mediante plástico. Una fórmula pensada para conceder pequeños créditos que reportan al banco desecrables, abusivas ganancias a partir de clientes que ya fueron exprimidos con otros productos.

Además de obligar a este crédito usurero – cortaron el grifo de los personales -, el Popular ha realizado un gran negocio con ese amplio porcentaje de bonistas que se vieron obligados a revender al banco sus bonos en forma de acciones: despacharon unos títulos carísimos y los recompran tirados. Descontando los rendimientos abonados en estos años, se habrán beneficiado en torno a un cincuenta por cien. Puro negocio bancario, dirán ellos. Añadiendo que todo figura en la letra pequeña de los contratos.

Con el Banco Popular, está claro. Mejor no entrar.

J.H GÓMEZ 

El Popular es un banco pésimamente gestionado en la actualidad, que necesitó de una ampliación de capital de 2.500 millones tras no aprobar a finales de 2012 un stress test que lo situó sólo un poco por encima de las Cajas intervenidas, al presentar un déficit de 3.233 millones de euros, por lo que, además, se vio obligado a vender activos.
 

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