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Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

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LA GUINDA

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LOS PAISANOS DE VICTOR

LOS PAISANOS DE VICTOR
Corría el mes de julio de 1975, o el 76, y me encontraba en Ourense preparando un número especial del periódico para las fiestas locales. Fueron dos semanas infernales, con un calor de esos que en Ourense se adhieren a la piel protegidos por la humedad que proporciona el Miño. Los termómetros anduvieron casi todo el tiempo rondando los 40 grados, en el hotel no había aire acondicionado y hube de trabajar armado de terno, corbata y todo eso que tranquiliza enormemente a quienes se van a gastar unos dinerillos en soportar publicitariamente la edición.
Después de cenar a pinchos por la zona vieja con el pintor Pepe Conde Corbal y el escultor Mon Vasco Pardavila, que me había presentado aquel cuando exponía una colección de tallas en ébano tras su regreso de una temporada en África junto a su mujer, Solange, decidí acercarme a la sala Auria, toda una institución en la ciudad y en Galicia hasta casi finales de aquella década, donde se anunciaba una actuación del mismo Víctor Manuel que había conocido unos años antes en una sala del Hotel Bahía de Vigo, junto a Julio Iglesias.
En aquel Ourense no había muchos sitios donde tomarse una copa nocturna y Auria ofrecía esa posibilidad mientras se asistía al espectáculo programado. Además, yo quería saludar a Víctor, aprovechando mi condición de periodista y confiando en que me recordase, no sólo por el encuentro de Vigo sino porque unos meses después del episodio del Bahía compartí algunos ratos con él y amigos comunes en su Mieres natal, donde el invierno había dejado un sucio manto de nieve ennegrecida por el carbón que todo lo invadía.
La casualidad quiso que en la barra del Auria me encontrase con un antiguo compañero del Colegio Mayor San Clemente en el curso 1964-65 en Santiago.
–¿Cuqui? Porque tú eres uno de los Cuquis, vecinos de habitación en Santiago, ¿no?
 –Si, hombre, Ojea; ¡qué casualidad!
Ya reconocidos hube de asegurarme de si era Manolo, o Cuqui propiamente dicho. Se trataba de dos gemelos idénticos (pero idénticos, idénticos), a los que conocí en los veranos que pasábamos en Coruxo, nosotros en A Carrasqueira y ellos un poco más arriba, en la de Marciana, donde también había veraneado Moraima y los hijos de Celso Emilio Ferrreiro, Luis e Isabel. En los veranos, Marciana alquilaba la vivienda superior del colmado que regentaba, que era el único en toda aquella zona, próxima al Monte da Loba, donde hoy se ubica una torre de apartamentos. Años después volví a encontrar a “los Cuquis” ocupando la vecina habitación “pi” (la 314, claro) del colegio mayor. En el tocadiscos de aquella residencia estudiantil escuché por primera vez a The Beatles cantando “From me tu you”, en un disco que les había enviado desde Londres su hermano Pepe, al que ustedes conocerán como José Posada, el creador y comercializador del marron glacè gallego, entre otras actividades emprendedoras.
Pero volvamos al Auria. Terminada la actuación, me colé hasta el camerino. Tras las justificaciones de rigor, Víctor Manuel recordó los episodios ya relatados y me dijo, mientras terminaba de quitarse el maquillaje y la indumentaria del espectáculo:
–¿Me harías un favor? Es que en la sala hay unos paisanos que se han empeñado en que les acompañe y, la verdad, es que no estoy para muchas fiestas. Me das un cuarto de hora y te acercas diciéndome lo que se te ocurra para poder marcharme sin hacerles un feo.
–¡Faltaría más!
Y así lo hice. Argumenté con urgencia que seguía esperándole no sé quién y allá nos fuimos hacia la barra, donde esperaba Cuqui, al que ya había puesto al tanto de la “movida”.
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