Crónicas de otro Vigo

LOS TIEMPOS DE LOS TRANVÍAS

LOS TIEMPOS DE LOS TRANVÍAS

Por aquellos entonces los vigueses se desplazaban en unos tranvías que circulaban a través de una amplia y bien diseñada red que comunicaba la extensa geografía urbana, que comenzaron a funcionar en 1915 y que estuvieron en servicio hasta 1968, a lo largo de cincuenta y cuatro años.

Existían nueve líneas, siendo el vehículo de la fotografía un 6 de los que cubrían el trayecto más largo, desde La Florida hasta Chapela, unos veinte kilómetros o por ahí, pasando por Las Traviesas, el centro de la ciudad, todo Sanjurjo Badía hasta Los Caños, un recorrido camino de su parada final, que quedaba lejos. Y después la vuelta.

Por falta de espacio en el interior, en horas punta  era frecuente que llevaran gente colgando de sus plataformas abiertas, sobre todo de la posterior; pero pocas veces iban tan exageradamente a tope como el tranvía de la imagen pasando por Policarpo Sanz, el cual, seguramente, se dirigía a La Florida en un domingo que el Celta jugaba en Balaidos contra el Real Madrid, aquel de Di Stéfano y compañía. Esos pasajeros irían al fútbol con la esperanza de que el resultado final fuera un empate.

Por entonces no existía Covid, que es cosa muy nuestra; pero sí gripe y diversas afecciones propias de un país con graves carencias tanto económicas como de las otras, por lo que cabe presumir que los tranvías, cuando iban llenos o medio llenos, supondrían un añadido foco de infecciones para una población ya bastante castigada por las obligadas circunstancias de la época.

A cambio, muchos pasajeros no pagarían billete. Obviamente porque el cobrador, con la carterita que llevaba en bandolera, se encontraría atrapado en el interior, en medio la apretada humanidad.

Lo que sorprende, desde luego, es la resistencia de la estructura de ese tranvía de la foto que circulaba inclinado hacia su derecha, más llamativa considerando que los tranvías vigueses, en vacío, tenían un aspecto como tirando a frágil, con la apariencia de estar construidos con materiales baratos, que eran los que había.

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Con los tranvías urbanos desaparecieron también los interurbanos, que llegaban a Porriño por un lado y por otro a Baiona.

El llamado tranvía de Porriño, que partía de Cabral y con dificultad subía lentamente hasta Peinador para después descender hasta su destino, era bastante rústico de aspecto y tenía la peculiaridad de a veces llevar un remolque para el transporte de pequeñas mercancías.

Mientras que los que iban a Baiona eran sofisticados, potentes, relativamente veloces, hasta elegantes en su alargada forma. Se puede decir que eran, en la práctica, trenes de cercanías. Una línea, la de Vigo a Baiona que discurría a lo largo de la costa, con sus bellas y cuidadas estaciones, que tenían andenes y todo, como las de Canido, Patos, Panxón, Ramallosa, también algunos apeaderos, que fue una estúpida barbaridad hacerla desaparecer, porque hoy seguiría siendo de gran utilidad, quizás de mayor utilidad. Y, bien explotado, un atractivo turístico añadido, los viajeros contemplando la Ría y las Cíes prácticamente a lo largo de todo el recorrido.

En nuestra actualidad sería un gran logro construir algo así; pero preclaras mentes de la época también desmantelaron el tranvía de Baiona en aquel año 1968 en el que los tranvías urbanos dejaron de funcionar.

Y para finalizar: en unos tiempos en los que existían muy pocos coches particulares, un ramal de aquella línea se dirigía hacia Samil. Después de La Florida, el tranvía llegaba al lugar llamado Molinos y allí se bifurcaba hasta la playa siguiendo el curso del río Lagares.

Gracias a aquel servicio podían los vigueses de a pie y tranvía disfrutar de su gran playa de Samil.

J.G.F     (antiguo usuario de Tranvías Eléctricos de Vigo)

Un tranvía de Baiona del año 1930

Y la foto de abajo es de 1968, el mismo año en que desaparecieron los tranvías para ser sustituidos por los primeros autobuses de Vitrasa. Circulando por Policarpo Sanz, parece un desfile de despedida.

 

 

 

 

 

 

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