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NABO DE OURENSE

Lo tenía claramente perdido de antemano; pero se empeñó en hacer la derrota mucho más evidente y lacerante. Porque así es Núñez Feijoo. Ahora le esperan otros fracasos si se empeña en seguir embistiendo contra tablas. Las mismísimas tablas de la ley de la Constitución de todos los españoles, incluidos los gallegos.

NABO DE OURENSE

Cuando Feijoo ejercía de segundo de Fraga, pretendió ir de número uno en la lista de Ourense, su provincia natal, en las elecciones autonómicas de 2005; pero Baltar se lo impidió porque allí manda él y le dio la gana. Tras el desprecio, el actual presidente de la Xunta se tuvo que ir a encabezar la lista de Pontevedra.

Ahora pretendía devolverle el golpe al cacique orensano, ese que de "barón", en sentido estricto, tiene poco, aunque haya optado por la transmisión del título a su hijo. Sin medir bien sus propias fuerzas, midiendo mucho peor las del contrario, Núñez Feijoo se ha llevado un buen nabo, que en Ourense también los hay gordos.

Con el tema de la pretendida fusión de las Cajas, el presidente de la Xunta está consiguiendo partir Galicia en dos. Y con la guerra perdida en Ourense ya tiene dos Partidos Populares: el de Baltar, que incluso habló de emitir carnets propios; y el del resto de Galicia. Con el consiguiente peligro de ruptura definitiva, que todo puede ocurrir.

Y eso que él, un chavista de corte galaico, tiene querencia por todo "único" bajo su mando.

Feijoo aspiraría ahora a ser el Baltar del resto de Galicia. A través de decretazos y, en alianza con los nacional totalitarios del Bloque Nacionalista Galego, mediante leyes express que parece ser conculcan la Constitución española. 

(Mientras su segundo, Alfonsito Rueda, se atreve a decir que el recurso que el gobierno de la nación planteará ante el Constitucional se trata de "un castigo político")   

Respecto a Vigo, tenemos por aquí, para consumo propio, algunos nabos cultivados en las leiras del llamado "rural". Pero el nabo que se va a llevar Feijoo por estas cadenas de montaje viguesas será de otro tipo. De dimensiones más industriales, digamos.

Alberto Núñez Feijoo no es un político sensato ni prudente, como nos quisieron vender. Poco tardó en mostrar su verdadera personalidad:  ya daba indicios por sus modales y gestos. Amén de unas patillas muy bolivarianas.

ANTONIO J. CAMPIO

 

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