Punto de Mira

Artículo publicado

17/04/2022

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PARTIDO POPULAR /
PARTIDO PODRIDO

COMO TODOS, UNOS MÁS Y OTROS MENOS

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Desde los tiempos de Aznar, cuando funcionaba sin freno la Trama Gürtel, la alta corrupción es endémica en esta votada formación política. Casi siempre con la lucrativa – para ellos – participación de sus más altos cargos.

El año pasado, circulando comprometidos sucios papeles probatorios de la putrefacción, rebosando basura las cloacas de la sede de la formación política, el expulsado presidente Pablo Casado llegó a afirmar que, dado que allí habían funcionado las salas de máquinas de la corrupción rampante que durante muchos años se consideró normal en sus interiores, lo mejor sería abandonar el edificio de la calle Génova. Para mudarse a otro lugar. A Casado, claro, lo defenestraron desde lo más alto. Por gilipollas.

Todo comenzó en la era Aznar. El jefe de la Trama Gürtel, el ladrón y horterón Francisco Correa fue de los que hicieron el paseíllo para las revistas couché en la surrealista boda de la pequeña hija del presidente del gobierno, una chica fea pero de prometedores encantos.  Un enlace político económico realzado mediante una ostentosa – y por ello ridícula – puesta en escena nada menos que, para mayor gloria patria, en el Monasterio de El Escorial.

Después el novio y a partir de entonces esposo, Alejandro Agag, un espabilado amoral de altos vuelos, eurodiputado por el Partido Popular, se forró con distintos negocios hasta montar lo que llaman un imperio.

Del gobierno de Aznar eran ministros Rodrigo Rato y Alvarez Cascos, otros dos pájaros con abundantes cuentas bancarias y no bancarias. El primero vicepresidente.

Con Mariano Rajoy saltó el escándalo de Luis Bárcenas, el tesorero que manejaba los dineros sucios del partido y que también se dedicaba a repartir sobres. Como a otros altos cargos, a Rajoy, el capo supremo, le entregaba periódicamente un sobresueldo, que el suyo oficial no le llegaba. Aguanta Luis, aguanta. Ya trincado Bárcenas, esto le reclamaba después el ex presidente para que no se fuera demasiado de la lengua.

Y acaba de surgir el asqueroso asunto de las mascarillas que afecta al ayuntamiento de Madrid. Demasiado sucio.

Lo anterior mencionado muy por encima y a pluma rápida, porque da bastante repelús comentar estos temas de corrupción generados en el seno y en el entorno del Partido Popular. Una putrefacción que es consustancial al PP.

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¿Y el recién llegado Feijoo? Pues es el que – por detrás manejado por su mentor político Romay Beccaría, ex conselleiro y también ex ministro de Aznar – entregó el poder financiero de Galicia a unos banqueros venezolanos que crecieron con el chavismo y que se asociaron con la Banca Etchevarría, de Betanzos, cuyos propietarios son íntimos amigos de Romay. Esto después de que NovaCaixaGalicia, el engendro resultante de la forzada fusión de las Cajas gallegas, fuera rescatada con 9.000 millones de euros de dinero público. Los caribeños y sus socios gallegos pagaron 1.000 millones.

Mucho antes, en 1995, siendo Conselleiro de Sanidad y Asuntos Sociales de la Xunta, Núñez Feijoo frecuentaba la amistad de Marcial Dorado, el conocido narcotraficante. Acudía a sus fiestas, incluidas las de Estoril, posaba en su yate, le gustaban esos lujos sin para nada importarle la procedencia del dinero.

Desde el pasado mes de Abril, Alberto Núñez Feijoo es el nuevo presidente del Partido Popular.

Partido Podrido.

País Podrido es el que les proporciona una enorme cantidad de votos.

V.E

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