Punto de Mira

TOROS, CORRUPCIÓN Y SUCIA POLÍTICA (¡QUE ASCO DE PAÍS!)

Puesto que los gallegos somos bastante más civilizados que el resto de los españoles en ciertos aspectos, aquí no padecemos algunas de las lacras que se extienden por la península ibérica. Por ejemplo, con la lamentable excepción de la ciudad de Pontevedra, con su plaza taurina, en Galicia las corridas de toros se consideran como … Continuar leyendo "TOROS, CORRUPCIÓN Y SUCIA POLÍTICA (¡QUE ASCO DE PAÍS!)"

TOROS, CORRUPCIÓN Y SUCIA POLÍTICA (¡QUE ASCO DE PAÍS!)

Puesto que los gallegos somos bastante más civilizados que el resto de los españoles en ciertos aspectos, aquí no padecemos algunas de las lacras que se extienden por la península ibérica. Por ejemplo, con la lamentable excepción de la ciudad de Pontevedra, con su plaza taurina, en Galicia las corridas de toros se consideran como lo que son, una salvajada en la que participa un público jaleante, vociferante, en buena parte borracho y que aplaude con entusiasmo la tortura y muerte de un precioso animal extenuado al que se mortifica mientras todo el recinto huele a sangre, sudor y mierda. A los matarifes públicos de toros, esos matadores estirados, encorsetados en una vestimenta ridícula, luciendo hacia un lado paquete masculino, en algunas partes de España se les llama "maestros".

Tampoco hay en Galicia bárbaros que se cuelgan del cuello de un ganso hasta arrancárselo de cuajo, como sucede en las fiestas de un pueblo del País Vasco; ni se tiran cabras desde los campanarios de las iglesias entre el jolgorio del personal y la bendición del cura de la localidad; ni se alancea y martiriza hasta su muy celebrada agonía a un pobre toro que trata de huir por el campo de Medina del Campo. Son sólo tres casos de entre los muchos de barbaries que en tantos lugares de España se consideran tradición, incluso "tradición cultural". A los que habría que añadir la "costumbre" que tienen en Castilla de ahorcar a los galgos colgándolos de cualquier rama a media altura cuando finaliza la temporada de caza. Para que allí se pudran a la vista de todos.

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Con semejante extrema crueldad hacia los animales que se da en buena parte de España algo tendrán que ver, de alguna manera, otras señas de identidad nacionales.

Porque si tanta población disfruta maltratando a los seres que nos acompañan, que sienten y sufren como nosotros, quizás ello esté relacionado con el hecho de que padezcamos de tanta corrupción y soportemos a una casta politica asquerosa compuesta en un amplio porcentaje por sinverguezas que son ladrones unos, incompetentes otros y ambas cosas a la vez no pocos. Entre ellos esos que cuando se producen desastres provocados precisamente por su extrema ineptitud echan la culpa a un griego llamado Mangouras, a un conductor de Alvia o a una auxiliar de enfermería. Pero igual el problema no son los políticos en sí mismos, que al fin y al cabo nos representan y además nos retratan. Puede que el problema resida en todos nosotros, los españoles en general.

Está la "fiesta nacional"; pero también una inmundicia igual de nacional que va de arriba abajo cubriéndolo todo y en la que se manejan tan a gusto gentes como Blesa, Rato, Díaz Ferrán, la Pantoja, el Urdangarín casado con una de la familia real y tantos innumerables de una u otra procedencia social. Como ese tipo que era el venerado líder sindical de los mineros asturianos y que se dedicaba a acumular pastuza probablemente a partir de las cuotas de los afiliados a su sindicato. Y los mangantes que todavía no aparecieron ni aparecerán.

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De los ERES de la Andalucía del Psoe a la corrupción rampante y de puertas abiertas en la cúpula del Partido Popular en Valencia, también en Mallorca. Pasando por el supermillonario trinque, durante décadas, de los Pujol Ferrusola en Cataluña, dirigidos por la madre y protegidos por el padre y president, además de oficialmente "honorable". Lo que conocía todo el mundo; pero que a nadie parecía importarle mientras no saliera en las pantallas, antes los papeles. Y eso que allí no tienen toros.

Aquí en Galicia también soportamos nuestra podredumbre y mucha escoria entre los políticos autóctonos. Incluso tenemos un presidente de la Xunta el cual, ya ocupando cargos significativos, formaba parte del círculo de amistades de un conocido narcotraficante. Pero, como ha puesto en evidencia la Operación Pokémon, se trata de una corrupción que se puede decir que es a pequeña escala, en ciertos casos a escala mediana. Lo cual no es bueno, es pésimo; pero nada que ver con Valencia o Andalucía.

Es muy posible – hay que insistir, aunque a algunos les resulte una sandez – que en esto tenga bastante que ver el hecho de que a la gran mayoría de los gallegos las corridas de toros nos parezcan una abominable salvajada colectiva. Y que tampoco se nos ocurrirá nunca tirar cabras desde los campanarios de las iglesias.

Tenemos nuestra corrupción; pero mais a modiño. Por otra parte, excepto algunos ejemplares que se dan sobre todo en A Coruña, carecemos los gallegos de la tendencia a ser fantoches derrochones. Lo de Ourense y más acá, también por allá, eso es otra cosa: tercermundismo social y político basado en favores muy primarios.

Lo que sí somos, esto hay que reconocerlo, es un tanto guarros y escasamente conscientes del cuidado de la Naturaleza. Por lo cual arrojamos todo tipo de basura y viejos enseres inservibles a los montes comunales a los que después unos paisanos especializados plantan enormes fuegos cuando el verano viene con adecuadas temperaturas. Es otro tipo de barbarie, cierto.

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Qué asco de país en el que una buena parte de la población disfruta con el maltrato animal al tiempo que no le importa votar a políticos manifiestamente putrefactos. En cuyo gobierno de la nación aparece una ministra de Sanidad capaz de declararse tan tonta de baba como para decir que ignoraba que en el garage de su casa se encontraba un vehículo de la marca Jaguar y que las fiestas de sus niños las pagaba la trama Gürtel, la misma organización que montaba por todo lo alto los actos electorales del Partido Popular. Es corta; pero no hasta ese punto. A la Mato, una discapacitada que llegó a ministra, como otras y otros, lo que le falta de coco le sobra de morro, que de eso sabrá el tal Arenas, su valedor.

Un país en el que el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, de la misma formación política, se dedica a insultar a la auxiliar de enfermería contagiada por el Ébola por su responsabilidad por haberlo contraído no a pesar sino a través del protocolo aplicado. Un tipo realmente asqueroso que seguro que también es aficionado a los toros, al que deberían haber dimitido ipso facto mediante certera estocada en el hoyo de las agujas, que se dice en el lenguaje de la tauromaquia.

¡Qué asco de país el nuestro! Etcétera.

Y quien quiera entender que lo entienda.

Encima va la Roja, que tanta utilidad tenía como humo de camuflaje nacional, y pierde con la Eslovaquia que se escindió de Chequia.

V.E


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