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ÚLTIMOS EDIFICIOS DE LA SARDINOCRACIA

Tras la guerra civil y hasta el final de la década de los cincuenta la industria de la conserva, en lo que fue su última etapa dorada, gozó de dos décadas de grandes beneficios parte de los cuales los conserveros - antiguos salazoneros de origen catalán - invirtieron, en una especie de competición de vanidades monetarias en la construcción de pretenciosos grandes inmuebles urbanos que llevaban sus nombres

ÚLTIMOS EDIFICIOS DE LA SARDINOCRACIA

A comienzos de los años sesenta y coincidiendo con la llegada de Citroën, la aparición del pescado congelado y la nueva industria de la pesca en caladeros lejanos, la industria conservera entró en un rápido declive del que pocas empresas se pudieron salvar. Algunas de las más destacadas, como Massó y Curbera, ya estaban heridas de muerte, lo mismo que otras medianas y pequeñas.

Curiosamente, las que consiguieron mantenerse no pertenecían a ninguna de las familias de origen catalán que a lo largo de todo el Siglo XIX impulsaron una actividad en principio salazonera, la que convirtió Vigo en gran centro pesquero y posteriormente conservero.

Las empresas que se mantuvieron llevaban otros apellidos: Alonso, Alfageme y Albo. El primero era un emigrante que retornó de Cuba. Los Alfageme, de orígenes leoneses, arribaron a Vigo procedentes de Asturias; y la familia Albo, salazoneros de origen italiano, llegaron desde Cantabria. También siguieron en actividad otras de menores dimensiones, como Cerqueira y López Valcárcel.

Las familias catalanas

La ´sardinocracia´ o protagonismo económico y social de los sardineros fue un ingenioso hallazgo semántico; pero que no se correspondía exactamente con la realidad.

Por supuesto que contaban con un considerable músculo económico; pero esta situación pocas veces se tradujo, a lo largo de la historia industrial de Vigo, en poder político, mucho menos en protagonismo cultural. Los catalanes nunca llegaron, realmente, a gobernar la ciudad. Aunque sí jugaron un papel decisivo en su desarrollo.

Durante mucho tiempo, hasta bien entrado el Siglo XX, como buenos emigrantes que recordaban su tierra y , sobre todo, querían preservar su identidad, se casaban con jóvenes importadas de sus pueblos de la Costa Brava. Más tarde, al ir sumando descendencia, se dedicaron en Vigo a practicar una persistente endogamia.

Un caso muy llamativo es el de las familias Massó, Barreras y Bolibar cuyos apellidos se cruzaron y entrecruzaron durante varias generaciones. Existieron y existen los Barreras Massó, Massó Barreras, Barreras Bolibar, Massó Bolibar, todas las combinaciones posibles. Incluso hay Barreras Barreras.

Los Ribas también enlazaron con los Barreras. En cambio, los Curbera fueron más a su aire, practicando otro tipo de endogamia, también dentro del sector conservero; pero sin lazos con otros catalanes de origen.

(Los catalanes adoptaron la pronunciación original de sus apellidos a la ortografía castellana. Así, los Tapies pasaron a ser Tapias; los Barreres se convirtieron en Barreras; los Corbera en Curbera; y los Ribes en Ribas, por poner cuatro ejemplos)

Los pretenciosos edificios de los conserveros

Aprovechando la grandes épocas de las sardinas más abundantes y gordas, tras la guerra civil y a partir de los excedentes financieros derivados de la buena marcha de sus empresas, algunos conserveros se decidieron a construir grandes y modernos edificios de viviendas para alquilar; pero sobre todo edificios que expresaran su poderío industrial y económico.

El caso más llamativo fue sin duda el que se dio en llamar ´Rascacielos de Curbera´, en la calle García Barbón, con sus catorce alturas y un magnífico ejemplo de arquitectura racionalista obra del arquitecto Francisco Castro Represas, rematado por un motivo art decó para imitar, en pequeñito, a los altísimos edificios neoyorquinos de entonces.

De la misma época, un poco anterior y el primero en línea racionalista que se construyó en Vigo, también obra de Castro Represas, es el Edificio Ribas, en la calle Colón esquina a Marqués de Valladares.

También este arquitecto fue el autor del Edificio Albo, un poco posterior, del año 1944, que goza de una ubicación privilegiada en el arranque de Gran Vía. En lo más alto de su estructura reluce una reproducción de la famosa escultura alada de origen griego que conmemora la Victoria de Samotracia – batalla naval – que se encuentra en el Louvre.

Para su edificio de la Alameda los Massó prefirieron requerir los servicios de un arquitecto de la casa, Jacobo Estens, casado con una de las mujeres del clan conservero.

El caso de los Alfageme

En sus comienzos arrieros maragatos que transportaban salazón, los Alfageme se trasladaron a Vigo en el año 1873, abandonando la planta salazonera que habían conseguido levantar en la villa asturiana de Candás. Supieron ver que en Vigo se comenzaba a desarrollar la innovadora industria conservera que utilizaba los primeros envases de hojalata; y que era en nuestra ciudad donde había que estar, donde se encontraban los proveedores y la mejor estructura comercial de exportación.

Ellos no levantaron un gran edificio de viviendas en el centro de la ciudad, sino que aportaron uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial viguesa, un grupo de naves hoy declarado conjunto arquitectónico a conservar.

En el mismo recinto de la factoría, cerca de la entrada principal, la familia se construyó su vivienda familiar, una manera de continuar, aunque a lo grande, la vieja tradición de los industriales del salazón, porque esa había sido la costumbre – obligada – de los catalanes en su primigenio barrio del Areal, cuyos hogares estaban siempre encima de las al principio precarias plantas de procesado, formando un todo.

Eran fábricas  vivienda, o viceversa. Los propietarios conviviendo con la suciedad y los correspondientes efluvios derivados del proceso de producción.

Otros edificios de entonces, aunque no de propietarios conserveros

Una época, la década de los 40, que resultó muy fructífera en grandes aportaciones arquitectónicas para la ciudad, como el edificio de la Banca Viñas Aranda, de 1941, en la esquina de Reconquista y Marqués de Valladares, frente al cual se encuentra el edificio de La Equitativa, de 1948.

Por aquellos tiempos también se construyeron el Teatro Cine Fraga (1942); el gran conjunto residencial de las Casas de Pernas, en Las Traviesas (1941); el Banco de España, actual Casa das Artes (1943); y el edificio del Hotel Lisboa (1947).

R. EIRAS

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