En portada

Artículo publicado

07/08/2022

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

SANTÍSIMO CRISTO DE LA VICTORIA
– ALIAS ´EL MAGNÍFICO´ –
Una temida nave corsaria

En el último tercio del Siglo XVIII la vida en la villa marinera giraba en torno al bullicioso mundo pesquero y comercial que se había originado en el arenal de la Ribera del Berbés. Corrían tiempos de enfrentamientos bélicos con Inglaterra y la actividad corsaria, que estaba perfectamente regulada, era considerada como parte de la contienda en el mar, ya que servía para apresar naves al servicio del enemigo y así perjudicarle en su abastecimiento y comercio.

SANTÍSIMO CRISTO DE LA VICTORIA | – ALIAS ´EL MAGNÍFICO´ – | Una temida nave corsaria

En 1779, el reconocimiento por parte de España y Francia de las provincias secesionistas de América del Norte provocó un nuevo enfrentamiento con Inglaterra y su nación aliada, Portugal. Buenaventura Marcó del Pont, el primer comerciante e industrial catalán radicado en Vigo, el mismo que también inició la industria del salazón, obtuvo entonces permiso real para armar barcos corsarios.

Eran naves propiedad de emprendedores muy devotos aquellas que detentaban patente de corso, que se llamaban San Carlos o Virgen del Portal; pero que eran también conocidas por sus alias. El San Carlos era El Atrevido; y el Virgen del Portal, La Liebre.

Los barcos de Marcó del Pont atacaban, abordaban y saqueaban numerosos mercantes ingleses y portugueses cargados con géneros tales como sal, especies, aceite, paños, cueros o trigo, unos valiosos cargamentos que, al regreso de los navíos, se desembarcaban y eran comercializados en el entorno del Berbés.

EL CORSO, SIN HABÍA SUERTE, ERA UN EXCELENTE NEGOCIO Y FUENTE DE RIQUEZA PARA EL PUERTO

La arriesgada actividad resultaba muy rentable siempre que los vientos de la buena ventura soplaran a favor. Y contaba Vigo con la ventaja de una situación geográfico estratégica ideal para que sus naves se beneficiaran del tráfico entre Portugal e Inglaterra. El negocio, en resumen, resultó en un considerable dinamizador de la economía local. Un importante impulso para el desarrollo del comercio y crecimiento de la población, ya que, no siendo Marcó del Pont el único armador dedicado a la actividad, nuestro puerto llegó a contar con una numerosa y poderosa flota.

En los últimos años del Siglo XVIII, en tiempos de Carlos IV, se volvieron a dar las circunstancias bélicas apropiadas. De los nuevos barcos de corso, uno recibió el nombre de Santísimo Cristo de la Victoria, también llamado El Magnífico; y otro el de Santísima Trinidad, cuyo alias ignoramos. Aunque el orgullo de la flota era el Príncipe de la Paz, en interesado homenaje a Manuel Godoy, el poderoso valido del monarca – se dice que también amante de la reina María Luisa -, que así, contradictoriamente, era nombrado y renombrado. Una nave que, con nada menos que 200 toneladas de arqueo, contaba con veinte cañones y una tripulación de 150 hombres bien dispuestos para los abordajes. Todo esto está muy bien contado en el libro “La Ciudad y los Días”, de José María Alvarez Blázquez, el mejor investigador de nuestra historia contemplada unas veces por lo ancho y también por lo menudo. Un libro salido de imprenta en 1960 y que es un tesoro editorial. Que ahora se puede encontrar en gallego, recuperado por Edicións Xerais (VER AQUÍ)

Por los éxitos de su flota, Buenaventura Marcó del Pont recibió unos honores de la Corona que posteriormente resultarían en un gran beneficio para Vigo, ya que, gracias a sus gestiones, en 1794 el puerto consiguió por fin el derecho – que tanto había reclamado sin éxito anteriormente – de traficar libremente con todos los países americanos.

—————–

Marcó del Pont no sólo destacó por sus negocios corsarios. En el Areal fundó la primera fábrica de salazón que existió en Vigo, para la que trajo a las primeras decenas de paisanos suyos, operarios salazoneros de la por entonces pobre Costa Brava catalana. Fue el comienzo de la industria.

Y de Marcó del Pont, que impulsó la construcción de la Colegiata, procede la imagen del Cristo de la Victoria, que donó al templo. Después bautizó con ese nombre al mejor de sus barcos corsarios.

BLAS C.

VER TAMBIÉN, MUY RELACIONADO:


BUENAVENTURA MARCÓ DEL PONT. El hidalgo aventurero y emprendedor que inventó Vigo

 

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page