Punto de Mira

Artículo publicado

11/03/2022

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El extraordinario crecimiento de la ciudad a partir de mediados del Siglo XIX y a lo largo del Siglo XX

En una extensa conurbación por la costa Vigo tiene continuidad residencial hasta Baiona y hacia el norte por Chapela se funde con Redondela. Mientras que al otro lado de la Ría, Cangas y Moaña se consideran y son parte de una gran ciudad conformada en torno a una Ría protegida por las islas Cíes. La presencia del Vigo empresarial y su determinante influencia llega, a través de emprendimientos y polígonos industriales, hasta la franja fronteriza con Portugal.

El extraordinario crecimiento de la ciudad a partir de mediados del Siglo XIX y a lo largo del Siglo XX

Pero en el año 1840 Vigo era una población marinera cuyo censo apenas superaba los 5.000 habitantes.

Que ya eran 15.000 en 1880, puesto que en cuatro décadas la población se había multiplicado por tres y la villa comenzaba a ser ciudad.

Debido a la buena marcha de las industrias de salazón y a la pujanza de su puerto, aquella ciudad incipiente crecía. Se abrían nuevas calles extramuros, se llevaban a cabo grandes rellenos, como el de la Alameda, se construían magníficos edificios modernistas. La nueva urbe era vibrante, llena de energía emprendedora, que constituía un excepcional mercado de trabajo en la Galicia de la emigración, como alternativa a esa emigración. Media provincia de Ourense pudo sortear un destino al otro lado del Atlántico para radicarse en Vigo.

En 1890 la población superaba los 22.000 habitantes.  Y diez años más tarde, tras la anexión de Bouzas en 1904, llegaba a la cifra de 35.000. Posteriormente, en 1941 se produjo la incorporación del extenso y poblado municipio de Lavadores, que incluía Teis.

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En 1945 Vigo se había convertido en una imparable ciudad de 132.000 habitantes, con una pujante industria naval. Y las modernas empresas elaboradoras de conservas de pescado habían sustituido a las antiguas precarias plantas de salazón. La fábrica de cerámica de Alvarez, en Cabral, que durante décadas fue la primera industria de la ciudad, ya contaba con miles de trabajadores y continuaba creciendo.

Posteriormente, en los años sesenta, con la llegada de Citroën Vigo recibiría otro gran empujón industrial y demográfico para empezar a convertirse en lo que es hoy.

LA CIUDAD SIEMPRE ATRAJO A NUMEROSOS EMPRENDEDORES

La industria conservera se benefició en gran medida de la I Guerra Mundial, también de los mercados sudamericanos, con Argentina y Cuba a la cabeza; y tras la guerra civil española, más tarde tras la II Guerra Mundial, la nación estuvo muy necesitada de la producción viguesa de latas de sardinas.

Los descendientes de  los primeros catalanes, aquellos artesanos salazoneros procedentes de la Costa Brava, impulsaron el Vigo industrial. A los cuales ellos hay que sumar un par de casos muy significativos de gallegos retornados de la emigración que se incorporaron al sector. Como también otros industriales conserveros llegados de Asturias. En la primera mitad del Siglo XX estos empresarios enlataron considerables fortunas, conformando lo que se dio en llamar la ´sardinocracia´

Atraídos por aquella prosperidad, numerosos comerciantes castellanos, en gran parte zamoranos y maragatos, además de algunos riojanos y vascos, estos para montar ferreterías, llegaron para establecerse en la ciudad.

Uno de aquellos zamoranos, de apellido Tetilla, abrió una librería que terminó, gracias a una afortunada casualidad, por convertirse en una potente firma editorial. Allí se inventó nada menos que el género de novelas del Oeste, tan baratas y populares, que se distribuían decenas de miles en los años cuarenta y cincuenta en toda España. La editorial Cíes fue pionera de la industria editorial viguesa, la más importante de Galicia.

En Vigo nació la industria editorial de las novelas del Oeste

COLONIAS EXTRANJERAS Y UNA REFERENCIA CULTURAL EN GALICIA

Una pujante ciudad tan vital y múltiple, Vigo contaba con dos importantes colonias extranjeras. Por un lado la conformada por los empleados del Cable Inglés, que tuvo gran incidencia social, introduciendo distintos deportes; y por otro la que surgió de los empleados del Cable Alemán, que levantaron el Colegio Alemán al que acudían sus hijos; pero que también sirvió en su día, durante la II Guerra, como residencia de descanso para las tripulaciones de submarinos nazis.

Una ciudad como Vigo no podía menos que servir de imán a pintores, escultores, poetas y escritores procedentes de otros lugares de Galicia, que aquí encontraron buen acomodo con la posibilidad de ganarse la vida con sus actividades, lo que se les negaba en sus provincianos lugares de origen. Más tarde, como es bien sabido, el diario Faro de Vigo llegó a contar con un director novelista y fabulador de extraordinaria imaginación, Alvaro Cunqueiro, que era todo menos un verdadero periodista. Pero un lujo para el periódico a través de sus artículos. Había comenzado a colaborar en los años cincuenta y fue director del periódico entre 1965 y 1970.

TAMBIÉN FUE VIGO LO QUE SE PUEDE DENOMINAR UNA CIUDAD DE OPORTUNIDADES MATRIMONIALES

Cuando llegó Citroën ya se atisbaba el inicio de la decadencia de la industria conservera. El impulso de la empresa francesa en los años sesenta del Siglo XX iba a cambiar de nuevo la ciudad; y la necesidad de mano de obra tras la inauguración de las instalaciones de Balaidos provocó otro gran salto demográfico. Para lo que fue preciso construir un gran barrio de acogida, el de Coia.

Como consecuencia de todo lo anterior, Vigo también atrajo durante muchas décadas a bastantes varones procedentes de muy diversas partes de España que llegaban en busca fortuna matrimonial, algo que no pocos encontraron entre las numerosas proles femeninas de las familias empresariales. Si ya no iba a quedar dinero al menos mediante el envite conyugal los recién llegados podrían obtener los necesarios contactos para iniciar actividades profesionales, por ejemplo de intermediación.

Cosas de una ciudad con un crecimiento tan extraordinario y rápido.

V.E

 

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