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El extraordinario crecimiento de Vigo a partir de mediados del Siglo XIX y a lo largo del Siglo XX

En una extensa conurbación, por la costa Vigo tiene continuidad residencial hasta Baiona. Y hacia el norte se funde con Redondela por Chapela. Mientras que al otro lado de la Ría, Cangas y Moaña se consideran y son parte de una gran ciudad conformada en torno a una Ría protegida por las islas Cíes

El extraordinario crecimiento de Vigo a partir de mediados del Siglo XIX y a lo largo del Siglo XX

Pero en el año 1840 Vigo era una villa marinera cuyo censo apenas superaba los 5.000 habitantes.

Que ya eran 15.000 en 1880, ya que en cuatro décadas la población se había multiplicado por tres y la villa comenzaba a ser ciudad.

Debido a la buena marcha de las industrias de salazón y a la pujanza de su puerto,Vigo crecía. Se abrían nuevas calles extramuros, se llevaban a cabo grandes rellenos, como el de la Alameda, se construían magníficos edificios modernistas. La nueva ciudad era vibrante, llena de energía emprendedora y siempre creciendo, constituía un excepcional mercado de trabajo en la Galicia de la emigración. Media provincia de Ourense pudo sortear un destino al otro lado del Atlántico para radicarse en Vigo.

En 1890 la población superaba los 22.000 habitantes.  Y diez años más tarde, tras la anexión de Bouzas en 1904, llegaba a la cifra de 35.000. Posteriormente, en 1941 se produjo la incorporación del extenso y poblado municipio de Lavadores, que incluía Teis.

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En 1945 Vigo se había convertido en una imparable ciudad de 132.000 habitantes, con una pujante industria naval. Y las modernas fábricas de conservas de pescado – siendo el enlatado un invento surgido en la Bretaña francesa – habían sustituido a las antiguas precarias plantas de salazón. La fábrica de cerámica de Alvarez, en Cabral, que durante décadas fue la primera industria de la ciudad, ya contaba con miles de trabajadores y continuaba creciendo.

Posteriormente, en los años sesenta, tras la llegada de Citroën,  Vigo recibiría otro gran empujón industrial y demográfico para empezar a convertirse en lo que es hoy.

LA CIUDAD SIEMPRE ATRAJO A NUMEROSOS EMPRENDEDORES

La industria conservera se benefició en gran medida de la I Guerra Mundial, también de los mercados sudamericanos, con Argentina y Cuba a la cabeza; y tras la guerra civil española y más tarde tras la II Guerra Mundial la nación estuvo muy necesitada de la producción viguesa de latas de sardinas.

Los descendientes de  los primeros catalanes, aquellos artesanos salazoneros procedentes de la Costa Brava, impulsaron el Vigo industrial. A los cuales ellos hay que sumar un par de casos muy significativos de gallegos retornados de la emigración. Y también otros industriales conserveros llegados de Asturias. En la primera mitad del Siglo XX Los empresarios del sector enlataron considerables fortunas, conformando lo que se dio en llamar la ´sardinocracia´

Atraídos por la prosperidad de la ciudad, numerosos comerciantes castellanos, en gran parte zamoranos y maragatos, vinieron a establecerse, además de riojanos y vascos, algunos de estos para establecerse con ferreterías.

Uno de aquellos zamoranos, de apellido Tetilla, abrió una librería que terminó por convertirse en una potente firma editorial tras – gracias a una afortunada casualidad – inventar nada menos que el género de novelas del Oeste, tan baratas y populares, que se distribuían decenas de miles en los años cuarenta y cincuenta en toda España. La editorial Cíes fue la pionera de la industria editorial viguesa.

COLONIAS EXTRANJERAS Y UNA REFERENCIA CULTURAL EN GALICIA

Ya una pujante ciudad tan vital y tan múltiple, Vigo contaba con dos importantes colonias extranjeras. Por un lado la conformada por los empleados del Cable Inglés, que tuvo gran incidencia social, sobre todo en los deportes; y por otro la que iniciaron los empleados del Cable Alemán, que levantaron el Colegio Alemán al que acudían sus hijos; pero que también sirvió en su día, durante la II Guerra, como residencia de descanso para las tripulaciones de submarinos nazis.

Una ciudad como Vigo no podía menos que servir de imán a pintores, escultores, poetas y escritores procedentes de otros lugares de Galicia, que aquí encontraron buen acomodo con la posibilidad de ganarse la vida con sus actividades, lo que se les negaba en sus lugares provincianos de origen. Como es bien sabido, por entonces el diario Faro de Vigo contaba con un director novelista y fabulador de extraordinaria imaginación, Alvaro Cunqueiro, que era todo menos un verdadero periodista. Pero un lujo para el periódico a través de sus artículos.

TAMBIÉN FUE VIGO LO QUE SE PUEDE DENOMINAR UNA CIUDAD DE OPORTUNIDADES MATRIMONIALES

Cuando llegó Citroën ya se atisbaba el inicio de la decadencia de la industria conservera. El impulso de la empresa francesa en los años sesenta del Siglo XX iba a cambiar de nuevo la ciudad; y la necesidad de mano de obra cuando se inauguraron las instalaciones de Balaidos provocó otro gran salto demográfico. Para lo que fue preciso construir un gran barrio de acogida, el de Coia.

Como consecuencia de todo lo anterior, Vigo también atrajo también a bastantes varones procedentes de muy diversas partes de España que llegaron en busca de una fortuna matrimonial que no pocos encontraron entre las numerosas proles femeninas de las familias empresariales. Si ya no iba a quedar dinero al menos mediante el envite conyugal, los recién llegados podrían obtener los necesarios contactos para iniciar actividades profesionales, por ejemplo de intermediación.

J. GÓMEZ F 

Y COMO REMATE UN CASO MUY VIGUÉS:

A principios de los años cincuenta del siglo pasado arribó a Vigo procedente de un pueblo de Zamora un herrero que se estableció en un pequeño local del barrio de Teis.

Trascurridos unos años, con Citroën ensamblando sus primeras docenas furgonetas 2CV en una nave de las Avenidas, el taller de la marca automovilística – que por entonces estaba muy lejos de poder denominarse fábrica – tuvo un problema en los suministros procedentes de Francia. Se trataba de los armazones metálicos de los asientos, unos tubos. Por lo que los responsables decidieron recurrir al herrero zamorano. Así fueron los inicios de VIZA, hoy día una de las principales empresas del sector de la automoción y una multinacional viguesa con presencia en varios países.  

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