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VIGO ESTRENÓ ILUMINACIÓN PÚBLICA EN 1896

Pero hacía años que López de Neira disfrutaba en su domicilio de luz eléctrica particular, que fue la primera en la ciudad

El filamento incandescente para lámparas lo inventó Thomas Edison, estadounidense de antepasados holandeses, en 1876

VIGO ESTRENÓ ILUMINACIÓN PÚBLICA EN 1896 | — | Pero hacía años que López de Neira disfrutaba en su domicilio de luz eléctrica particular, que fue la primera en la ciudad

Tan sólo cuatro años después llegó a Vigo la maravillosa novedad lumínica a la ciudad.

Alimentada por un exclusivo generador particular, la primera luz eléctrica viguesa se la hizo instalar en su casa el distinguido ciudadano amante del progreso y destacado empresario Antonio López de Neira.

El estreno de la luz eléctrica en la finca de López de Neira, que tuvo lugar el 30 de Mayo de 1880, supuso todo un gran acontecimiento. El escritor e historiador José María Alvarez Blázquez rescató para su estupendo libro ´La Ciudad y los Días´ algunos retazos de la crónica que al memorable hecho dedicó entonces un emocionado reportero local:

“El miércoles por la noche se probó en casa del Señor López de Neira la luz eléctrica que para mayor lucimiento de las próximas fiestas del Santísimo había encargado a París dicho señor”.

Continuando:
“La proverbial naturalidad y amable deferencia del Señor Neira fue causa para que muchos de sus amigos se personasen en la rica morada y deliciosa huerta a presenciar los efectos luminosos del aparato, el cual funcionó bien, llevando la luz a larga distancia, y que al reflejarse en las galerías y casas del Placer de afuera, produjo agradable impresión entre las personas que inesperadamente se vieron inundadas por una claridad tan intensa como la del sol, aunque de melancólico reflejo como la luz de la luna”.

Según el cronista, siempre tirando de la florida estilística narrativa de la época, a los insectos también les impresionó el invento:
“Una de las cosas que más nos ha llamado la atención en aquellos momentos fue el asombro que la luz produjo sobre los insectos que se albergaban entre el ramaje de los árboles, que vistos desde lejos parecían pintados con un verde ultramar, más bien que obras de la naturaleza”.

Aquella instalación, que era transportable, sería utilizada a partir de entonces para dar mayor realce a la procesión del Cristo de la Victoria en su salida de la Colegiata. Y así fue durante más de una década.

También fue Don Antonio el primero en contar en Vigo con aparato telefónico. Que es de suponer serían dos, uno en su domicilio y otro en la oficina, puesto que no existía un tendido de servicio telefónico. Un inventó, este de Graham Bell, que curiosamente coincidió en el tiempo, también en 1876, con la lámpara de Edison.

TODO UN GRAN PERSONAJE 

Antonio López de Neira fue otro de esos hombres extraordinarios que adornan la historia de una ciudad tan bullente como era el Vigo del Siglo XIX, en pleno desarrollo industrial y urbano.

Nacido en 1827, unas fuentes afirman que era natural de villa de Foz, otras que de Sober. El extremo norte y el extremo sur de Lugo. Pero el apellido Neira se corresponde con un afluente del Miño que discurre en paralelo a unos veinte kilómetros al sur de la capital. O sea, para corregir a unos y otros, por la mitad geográfica de la provincia lucense.

De orígenes muy humildes, algunas crónicas dicen que llegó a nuestra ciudad e principios de ese siglo como lazarillo de un ciego, para aquí emanciparse y emplearse seguidamente como mancebo de comercio.

Con el paso del tiempo y tras haber conseguido montar diversos pequeños negocios terminó por establecerse en la calle del Príncipe con un popular obrador de chocolate, fundando posteriormente otras industrias, entre ellas la importante fábrica de papel La Cristina, que se encontraba en Cabral.

Terminó por convertirse en un vigués muy destacado, contando las antiguas crónicas que, aparte de apasionado por todos los avances tecnológicos de la época, era un singular personaje de carácter simpático, campechano y afable, por lo que, ya siendo un hombre relevante, había caído muy bien a un Alfonso XII que contaba con tan sólo veinte años cuando en 1877 visitó la ciudad por primera vez. Tanto que dos años más tarde, con ocasión de su matrimonio con Cristina de Habsburgo, el joven monarca se acordó de él y lo invitó a su boda.

Seguramente por ello López de Neira llamó a su industria de papel La Cristina. Mientras que Alfonso XII, con el que se encontró posteriormente en diferentes ocasiones, lo distinguía siempre en público con un claro afecto y una especial deferencia.

PERO LA ILUMINACIÓN PÚBLICA NO LLEGÓ HASTA 1896

Antonio López de Neira cedía su tinglado particular de luz para realzar la salida de la Colegiata del Cristo de la Victoria; pero las primeras farolas permanentes de iluminación pública no se instalaron hasta 1896, siendo los lugares elegidos la Puerta del Sol y la Plaza de la Constitución, a las que llegaba la electricidad producida por una fábrica situada en Picacho que contaba con dos motores de 30 cv que accionaban dos dinamos de corriente continua de 250 voltios y 120 amperios.

Una iluminación pública que se inauguró, como no podía ser menos, en el mes de Diciembre, ya acercándose la Navidad. Recurriendo de nuevo a José María Alvarez Blázquez:

“El acto de inauguración revistió gran solemnidad y fue, al propio tiempo, ocasión para que el regocijo popular se desbordase, flotando ya en el ambiente los pascuales gozos de las vísperas navideñas”

O sea, como ahora. Aunque a otra escala mucho menor.

Naturalmente, López de Neira, que formaba parte de la corporación municipal, estaba detrás de aquella primera empresa productora de electricidad. Al año siguiente, en 1987, este lejano gran predecesor de Abel Caballero se convirtió en alcalde de Vigo. Y fue presidente de la Diputación entre 1905 y 1909.

Antonio López de Neira, aquel chaval de Sober o de Foz que llegó a Vigo caminando como acompañante de ciego terminó por devenir en un prócer que hizo no pocas grandes cosas por la ciudad que lo acogió y le proporcionó las oportunidades que él supo aprovechar. Falleció en 1919, a la elevadísima edad para aquellos tiempos de los noventa y dos años. Esto si el año 1827 de su nacimiento que figura en las biografías que se pueden consultar se corresponde con la realidad.

La epopeya  de López de Neira tiene no pocas similitudes con las de otros emprendedores que desde diferentes geografías peninsulares llegaron a Vigo antes y después. Siempre fue así en esta ciudad que ofrecía oportunidades y que fue levantada por hombres industriosos y decididos de muy diversos orígenes que pronto se convirtieron en vigueses y así quedaron para la historia.

J.G.F

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