Punto de Mira

VIGO NECESITA DE SU PUERTO (TRAS UNA LARGA HISTORIA DE BENEFICIOSOS RELLENOS)

Aunque muchos vigueses de hoy, políticos locales incluidos, lo ignoren, lo cierto es que Vigo careció de instalaciones portuarias propiamente dichas hasta avanzado el Siglo XX. Mientras que en los tiempos de la emigración los numerosos trasatlánticos de la época tenían que fondear en medio de la Ría.

VIGO NECESITA DE SU PUERTO (TRAS UNA LARGA HISTORIA DE BENEFICIOSOS RELLENOS)

Los ingresos provenientes de aquel intenso tráfico marítimo que llevó al otro lado del Atlántico a cientos de miles de personas se destinaban entonces – segunda mitad del Siglo XIX y principios del XX – a la construcción y mejora de las instalaciones portuarias de A Coruña, con una actividad mucho menor.

Al tiermpo que aquí el único muelle realmente operativo era el llamado "muelle de hierro", inaugurado en 1893 y situado donde hoy se encuentra el edifico de la Xunta, una instalación precaria destinada al movimiento comercial, que sólo pudo ser una realidad, como casi siempre tratándose de Vigo, gracias a la iniciativa privada.

LOS GRANDES RELLENOS QUE HICIERON VIGO

El primer gran relleno se llevó a cabo en torno a 1870, producto del cual son las actuales Avenidas, toda la Alameda y calles adyacentes, puesto que antes el mar llegaba hasta el arranque de la calle Velázquez Moreno.

Pero Vigo seguía sin las infraestructuras portuarias que precisaba. Ni siquiera existieron proyectos hasta bastante más tarde, corriendo 1910, cuando se presentó el famoso Plan Cabello, de la autoría de Eduardo Cabello Ebrentz, ingeniero por entonces al frente de una maniatada Junta de Obras del Puerto, de obras que no existían. Un proyecto que no podía salir adelante debido – una vez más – a las maniobras políticas del Norte, donde se seguían aprovechando de los ingresos de un puerto de Vigo que ni siquiera contaba con dependencias de Aduanas (se inauguraron en 1940).

Hasta que el mencionado muelle de hierro resultó destrozado por un temporal en 1922 y entonces la ciudad se levantó clamando por la necesidad de muelles. Es decir, los vigueses pidieron con fuerza los imprescindibles rellenos.

Reclamaciones ciudadanas que fueron atendidas al fin por un gobierno fuerte, el de Primo de Rivera, que en 1924 aprobó las dotaciones estatales para la puesta en marcha del Plan Cabello. Lo que motivó que el general Primo de Rivera obtuviera un gran recibimiento en la visita que el aquel año realizó a la ciudad.

Los rellenos comenzaron. Hasta que diversas circunstancias históricas y posteriormente la guerra civil paralizaron unas obras que únicamente se pudieron reanudar con el nuevo régimen surgido de la contienda española. Tarde aunque en buena hora se se llevaron a cabo los grandes rellenos del Berbés; de todo Orillamar, hasta Bouzas; del muelle de trasatlánticos; y del extenso espacio del Areal, en la época una franja arenosa deteriorada y maloliente sobre la que se habían asentado las antiguas fábricas de salazón.

Más tarde, en los años 60, se consiguió realizar el espectacular relleno de Bouzas, sin el cual no contaría Vigo hoy con la planta de PSA Peugeot Citroën ni su potente industria auxiliar de automoción. Un relleno del que dependen más de veinte mil familias de vigueses.

VIGO NO EXISTIRÍA SIN ESAS ACTUACIONES

Sin la terminal de Bouzas, Vigo carecería de esa industria de automoción vital para su economía. Pero es que, tambiéin, sin el relleno del Berbés nuestro puerto nunca se hubiera situado como uno de los más importantes de pesca en el mundo. Y sin el muelle de cruceros no contaría esta ciudad con ese tráfico del que sus habitantes se sienten tan orgullosos.

Sin el gran relleno del Areal de los años 50 no contabilizaríamos el considerable movimiento de contenedores que permiten la exportación e importación de mercancías. Unas instalaciones que ahora reclaman una ampliación absolutamente necesaria para que los tráficos sigan creciendo mediante el atraque de los modernos buques portacontenedores, de bastante mayor calado. Una actuación, la del nuevo relleno proyectado, que, como todo el mundo sabe, incluidos sus detractores, en absoluto atenta contra el medio natural.

Sin los grandes los rellenos llevados a cabo Vigo no sería la ciudad que vivimos, sino una pequeña localidad litoral de escasa industria. Y la Ría sigue siendo maravillosa, quizás mejor que la del Siglo XIX, más al alcance para su disfrute de todos los habitantes de una urbe que con su entorno metropolitano pretende seguir avanzando hacia el futuro.

A ver si lo quremos entender todos. O, mejor dicho, entre todos.
 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page