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VISITA OFICIAL AL CARALLO

EDUARDO ROLLAND

En un arrebato de patriotismo, he intentado mandar al Carallo al presidente de la Xunta. Pero, no de vacaciones, sino de visita oficial al Carallo, acompañado de un séquito de conselleiros. Creo, firmemente, que mandar a Touriño al Carallo podría ser un hermoso servicio a Galicia.

Y, para evitar sospechas de partidismo, yo enviaría también al Carallo a Anxo Quintana y a Alberto Núñez Feijoo, sin olvidarnos del presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, que no se pierde un “sarao” y que se iría encantado al Carallo, seguido de su asistente, el ex alcalde de Cangas, José Enrique Sotelo, con quien pasó este verano en la China, país donde se ve que tenemos grandes intereses. Pero volviendo al tema y en resumen: Si de mí dependiese, yo los mandaría a todos al Carallo.

Sé que suena feo, pero mi descubrimiento del Carallo es muy reciente. Hace apenas una semana, mientras escrutaba un mapamundi en busca del lugar donde operan los piratas somalíes, me encontré con este archipiélago, conocido también por Cargados Carajos. Este lugar paradisíaco está situado en el océano Índico y pertenece a la República de Mauricio. Sus habitantes –vamos a llamarlos “caralludos”- no son muchos, apenas trescientos. Son descendientes de tribus malayas que, hace dos mil años, decidieron irse al Carallo y hallaron allí un nuevo hogar.

Objetará el amable lector que Carallo –o Cargados Carajos, en criollo- sea un nombre indonesio que signifique otra cosa. Pero no es así. La isla del Carallo se llama así porque la bautizó un gallego, Juan de Novoa, un ourensano de Maceda que, en el siglo XVI, se alistó en la Marina portuguesa y terminó recorriendo el mundo haciendo “Descobertas”. Por si tienen curiosidad, la isla está en Latitud:-16.66 y Longitud: 59.6

El pasado fin de semana, encerrado en casa por razones climáticas y catarrales, decidí matar el aburrimiento haciendo algo por mi país: Mandar a mi presidente al Carallo. Así que busqué la página web del Gobierno de Mauricio y escribí cartas al ministro de Turismo (que debe ser el más importante allí) y al de Asuntos Exteriores. En las misivas, pedí una entrevista con la máxima autoridad del Carallo e incluí una pregunta: “¿Qué les parecería, que el presidente de Galicia, país con el que les unen lazos ancestrales, visitase oficialmente el Carallo?”

Ayer mismo, la secretaria de comunicación del Gobierno de Mauricio, Farzanah Khoyratty, me contestó amablemente, lo que demuestra que el Carallo funciona mucho mejor que la Xunta. La señora Khoyratti me remitió en su correo copiosa documentación sobre el Carallo, al tiempo que me enviaba cariñosos saludos. Por ahora, no me ha respondido a lo de la visita oficial. Pero seguiré intentándolo. Como, también, proponer que el Carallo se hermane con el Parque Nacional das Illas Atlánticas.

Sospechará el lector que este año la gripe viene difícil y que las fiebres son muy altas. Pero, en mi descargo, no veo más cabal matar el rato ante el televisor viendo “Mira quien baila”. A pequeña escala, estoy haciendo un servicio al país. Espero contar pronto con una invitación para una visita oficial y ya imagino los titulares: “Touriño, Quintana y Feijoo, invitados a irse todos al Carallo”. Y si se quedasen allí, bárbaro.

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